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martes, 23 de abril de 2013

Anarquismo y deporte

 
 Anarquismo y deporte,Anarquismo y deporte ,Proudhon y el Dios fútbol,número 242 de Tierra y Libertad, Federación Anarquista Ibérica,Barcelona ,Kropotkin,Malatesta ,Juventudes Anarquistas de León, En respuesta al artículo “Proudhon y el Dios fútbol”, aparecido en el número 242 de Tierra y Libertad (Órgano de la Federación Anarquista Ibérica), queremos hacer una aclaración fundamental al artículo, porque consideramos primordial diferenciar entre “deporte espectáculo y deporte práctica” (Cagigal). El primero es un deporte de élite, con un mercado y un negocio respaldándolo y que le dan sentido de ser, su práctica llega a ser en la mayoría de las ocasiones peligrosa para la salud; cualquier deporte de élite lo acaba siendo, porque somete al organismo a esfuerzos extremos durante tiempos prolongados, dependiendo de la carrera del deportista; en el caso del fútbol el esfuerzo no es tan notable como en otras disciplinas pero el riesgo es importante (véanse el gran número de lesiones, por ejemplo que atacaron a la plantilla del FC Barcelona en la etapa del entrenador Rikjaard por una mala práctica en el entrenamiento muscular) y por ello no se puede hablar de actividad saludable, para entendernos a lo largo del artículo haremos mención a éste como deporte espectáculo. El segundo es un deporte más extendido, en general en formas jugadas, con importantes beneficios para la salud y la condición física de sus practicantes, y nos referiremos a él como actividad física. En el artículo aparecido en Tierra y Libertad ambos conceptos se entremezclan y aparecen como uno sólo.  Sabemos del origen burgués del deporte moderno (dentro del cual se encuentran la mayoría de deportes por equipos; balonmano, baloncesto, fútbol...), que surge como un ocio para una clase explotadora aburrida. Estos deportes suponen la regularización de juegos populares por parte de la clase burguesa; en el caso del fútbol, es la “adaptación de juegos populares medievales como el knappan (Reino Unido) o el solule (Francia) que se solían practicar por campesinos” (E. Dunning). La clase burguesa simplemente se dedicó a tomar esas prácticas para regularizarlas y “civilizarlas” (en muchas ocasiones las prácticas deportivas del campesinado conllevaban heridos graves o incluso muertos), en el caso del fútbol y la mayoría de deportes extendidos (rugby, tennis...) a primeros del siglo XIX.  Sabemos también que el deporte nace dentro de una sociedad de clases, estratificada e impregnada de luchas intestinas y por ello aparece como reflejo de esa lucha social. Pero también queremos hacer notar que no existe incoherencia entre el deporte y las ideas anarquistas (en este caso el mutualismo de Proudhon) porque el deporte no pretende ser una forma de organización social sino una expresión lúdica.  Retomamos la definición de anarquismo hecha por Kropotkin para la XI Edición de la Enciclopedia Británica (1905), “(...) El hombre podría así alcanzar el desarrollo pleno de todas sus potencias, intelectuales, artísticas y morales, sin verse obligado a trabajar agotadoramente para los monopolistas, ni trabado por el servilismo y la inercia intelectual de la gran mayoría.” Entendemos que la enumeración de Kropotkin queda corta, ya que el desarrollo pleno de las potencias humanas conlleva también el desarrollo de las capacidades físicas, como citan más tarde Ricardo Mella (“Todos los hombres tienen necesidad de desarrollo físico y mental en grado y forma indeterminada”, El Socialismo Anarquista, 1904) o Errico Malatesta (“La Anarquía es una forma de convivencia social en la cual los hombres viven como hermanos sin que nadie pueda reprimir y explotar a los demás y en la que todos disponen de los medios que la civilización pueda ofrecerlas para alcanzar el máximo desarrollo moral y material”, Pensiero e Volontà, 1925).  Nos remitimos entonces a las definiciones de juego, dada la concepción lúdica del deporte, y encontramos entre los aspectos más importantes de su acepción una falta de correspondencia con la realidad; por ejemplo de una niña jugando con su muñeca a ser mamá (o de un niño jugando a ser papá). Es por ello que consideramos que una actividad lúdica conlleve una lucha de intereses (en el caso del fútbol meter un balón en una portería evitando esto mismo con el equipo contrario) no es incongruente con una sociedad basada en la solidaridad y la justicia; porque el objetivo de esa actividad lúdica, como tal, no es la victoria sino la diversión; de esta forma no hay lugar a la afirmación “(...) Se permiten todos los golpes con tal de que se note...”, porque este hecho tan sólo se da en las competiciones formales en las que prima la obtención de otros objetivos por encima de la victoria (grandes primas, prestigio profesional...). En este clima tampoco se hace necesaria la figura del árbitro, por sencilla lógica; el término “pillería” (tocar a un jugador sin que se considere falta para evitar que alcance el balón, por ejemplo) al que se parece aludir en el artículo no tendría sentido en una actividad que se desarrollo en una relación entre iguales sin otro objetivo que la diversión. Las normas en este tipo de actividades son unas pautas de mutuo acuerdo establecidas para facilitar la diversión, es decir saltarse esas normas convertiría al juego en algo sencillo y monótono que carecería de interés.  Por ello esta forma de juego no se entiende como “intentar aplastar el vecino” sino el disfrute de intentar conseguir superar unas adversidades (otras actividades físicas superan sencillamente adversidades naturales; la mayoría de las disciplinas del atletismo, la natación, el ciclismo o la escalada) que se ven complementadas por la contra colaboración de un equipo oponente; podríamos entender también que los oponentes son colaboradores en la medida en que la adversidad que consiguen hace mejorar nuestro rendimiento y nuestra concentración, ya que el grado de incertidumbre aumenta notablemente en comparación con la naturaleza. De esta forma el oponente se convierte en colaborador, al buscar un fin común, tanto la diversión como la mejora física y mental.  Por otro lado no podemos obviar el papel que juega el deporte espectáculo, si regresamos a la Inglaterra del siglo XIX observamos como jugó un papel importantísimo a la hora de paliar el avance del movimiento obrero, ya que el deporte se instauró como un dispositivo de liberación de tensiones, de ahí que “el Estado regulase, a través del deporte, el tiempo libre de las clases trabajadoras” (J. L. Barbero). Tampoco podemos soslayar el desarrollo de este deporte moderno, ya que arrasó con las formas tradicionales de juego, creando estructuras centralizadoras que artificialmente dictaban las reglas del deporte. Por último no podemos dejar de lado tampoco el hecho de que el deporte espectáculo en general y el fútbol en particular se convierten en una forma de alienación que consigue aglutinar en un mismo espacio a individuos muy dispares que obvian conceptos primordiales como la pertenencia a una clase social frente a un artificial club deportivo.  En resumidas cuentas, vemos incompatible una profesionalización deportiva en una sociedad anarquista porque ésta trastoca el sentido natural del deporte, como forma de ocio, actividad física y juego. Pero no vemos ninguna incoherencia entre formas jugadas de actividad física (conlleven o no rivalidad), y por ello propugnamos por la actividad física como forma de ocio mucho más congruente que alienadas formas de consumo.   Juventudes Anarquistas de León (F.I.J.A.)

Anarquismo y deporte

En respuesta al artículo “Proudhon y el Dios fútbol”, aparecido en el número 242 de Tierra y Libertad (Órgano de la Federación Anarquista Ibérica), queremos hacer una aclaración fundamental al artículo, porque consideramos primordial diferenciar entre “deporte espectáculo y deporte práctica” (Cagigal). El primero es un deporte de élite, con un mercado y un negocio respaldándolo y que le dan sentido de ser, su práctica llega a ser en la mayoría de las ocasiones peligrosa para la salud; cualquier deporte de élite lo acaba siendo, porque somete al organismo a esfuerzos extremos durante tiempos prolongados, dependiendo de la carrera del deportista; en el caso del fútbol el esfuerzo no es tan notable como en otras disciplinas pero el riesgo es importante (véanse el gran número de lesiones, por ejemplo que atacaron a la plantilla del FC Barcelona en la etapa del entrenador Rikjaard por una mala práctica en el entrenamiento muscular) y por ello no se puede hablar de actividad saludable, para entendernos a lo largo del artículo haremos mención a éste como deporte espectáculo. El segundo es un deporte más extendido, en general en formas jugadas, con importantes beneficios para la salud y la condición física de sus practicantes, y nos referiremos a él como actividad física. En el artículo aparecido en Tierra y Libertad ambos conceptos se entremezclan y aparecen como uno sólo.

Sabemos del origen burgués del deporte moderno (dentro del cual se encuentran la mayoría de deportes por equipos; balonmano, baloncesto, fútbol...), que surge como un ocio para una clase explotadora aburrida. Estos deportes suponen la regularización de juegos populares por parte de la clase burguesa; en el caso del fútbol, es la “adaptación de juegos populares medievales como el knappan (Reino Unido) o el solule (Francia) que se solían practicar por campesinos” (E. Dunning). La clase burguesa simplemente se dedicó a tomar esas prácticas para regularizarlas y “civilizarlas” (en muchas ocasiones las prácticas deportivas del campesinado conllevaban heridos graves o incluso muertos), en el caso del fútbol y la mayoría de deportes extendidos (rugby, tennis...) a primeros del siglo XIX.

Sabemos también que el deporte nace dentro de una sociedad de clases, estratificada e impregnada de luchas intestinas y por ello aparece como reflejo de esa lucha social. Pero también queremos hacer notar que no existe incoherencia entre el deporte y las ideas anarquistas (en este caso el mutualismo de Proudhon) porque el deporte no pretende ser una forma de organización social sino una expresión lúdica.

Retomamos la definición de anarquismo hecha por Kropotkin para la XI Edición de la Enciclopedia Británica (1905), “(...) El hombre podría así alcanzar el desarrollo pleno de todas sus potencias, intelectuales, artísticas y morales, sin verse obligado a trabajar agotadoramente para los monopolistas, ni trabado por el servilismo y la inercia intelectual de la gran mayoría.” Entendemos que la enumeración de Kropotkin queda corta, ya que el desarrollo pleno de las potencias humanas conlleva también el desarrollo de las capacidades físicas, como citan más tarde Ricardo Mella (“Todos los hombres tienen necesidad de desarrollo físico y mental en grado y forma indeterminada”, El Socialismo Anarquista, 1904) o Errico Malatesta (“La Anarquía es una forma de convivencia social en la cual los hombres viven como hermanos sin que nadie pueda reprimir y explotar a los demás y en la que todos disponen de los medios que la civilización pueda ofrecerlas para alcanzar el máximo desarrollo moral y material”, Pensiero e Volontà, 1925).

Nos remitimos entonces a las definiciones de juego, dada la concepción lúdica del deporte, y encontramos entre los aspectos más importantes de su acepción una falta de correspondencia con la realidad; por ejemplo de una niña jugando con su muñeca a ser mamá (o de un niño jugando a ser papá). Es por ello que consideramos que una actividad lúdica conlleve una lucha de intereses (en el caso del fútbol meter un balón en una portería evitando esto mismo con el equipo contrario) no es incongruente con una sociedad basada en la solidaridad y la justicia; porque el objetivo de esa actividad lúdica, como tal, no es la victoria sino la diversión; de esta forma no hay lugar a la afirmación “(...) Se permiten todos los golpes con tal de que se note...”, porque este hecho tan sólo se da en las competiciones formales en las que prima la obtención de otros objetivos por encima de la victoria (grandes primas, prestigio profesional...). En este clima tampoco se hace necesaria la figura del árbitro, por sencilla lógica; el término “pillería” (tocar a un jugador sin que se considere falta para evitar que alcance el balón, por ejemplo) al que se parece aludir en el artículo no tendría sentido en una actividad que se desarrollo en una relación entre iguales sin otro objetivo que la diversión. Las normas en este tipo de actividades son unas pautas de mutuo acuerdo establecidas para facilitar la diversión, es decir saltarse esas normas convertiría al juego en algo sencillo y monótono que carecería de interés.

Por ello esta forma de juego no se entiende como “intentar aplastar el vecino” sino el disfrute de intentar conseguir superar unas adversidades (otras actividades físicas superan sencillamente adversidades naturales; la mayoría de las disciplinas del atletismo, la natación, el ciclismo o la escalada) que se ven complementadas por la contra colaboración de un equipo oponente; podríamos entender también que los oponentes son colaboradores en la medida en que la adversidad que consiguen hace mejorar nuestro rendimiento y nuestra concentración, ya que el grado de incertidumbre aumenta notablemente en comparación con la naturaleza. De esta forma el oponente se convierte en colaborador, al buscar un fin común, tanto la diversión como la mejora física y mental.

Por otro lado no podemos obviar el papel que juega el deporte espectáculo, si regresamos a la Inglaterra del siglo XIX observamos como jugó un papel importantísimo a la hora de paliar el avance del movimiento obrero, ya que el deporte se instauró como un dispositivo de liberación de tensiones, de ahí que “el Estado regulase, a través del deporte, el tiempo libre de las clases trabajadoras” (J. L. Barbero). Tampoco podemos soslayar el desarrollo de este deporte moderno, ya que arrasó con las formas tradicionales de juego, creando estructuras centralizadoras que artificialmente dictaban las reglas del deporte. Por último no podemos dejar de lado tampoco el hecho de que el deporte espectáculo en general y el fútbol en particular se convierten en una forma de alienación que consigue aglutinar en un mismo espacio a individuos muy dispares que obvian conceptos primordiales como la pertenencia a una clase social frente a un artificial club deportivo.

En resumidas cuentas, vemos incompatible una profesionalización deportiva en una sociedad anarquista porque ésta trastoca el sentido natural del deporte, como forma de ocio, actividad física y juego. Pero no vemos ninguna incoherencia entre formas jugadas de actividad física (conlleven o no rivalidad), y por ello propugnamos por la actividad física como forma de ocio mucho más congruente que alienadas formas de consumo.

jueves, 4 de abril de 2013

El Estado organización jerárquica con división de clases

 El Estado se lo puede definir como la organización jerárquica y coactiva de la sociedad. Supone siempre una división permanente y rígida entre gobernantes y gobernados. Esta división se relaciona obviamente con la división de clases y, en tal sentido, implica el nacimiento de la propiedad privada.

El marxismo coincide, en líneas generales, con esta última tesis. Pero un grave problema se plantea a este propósito y la solución del mismo vuelve a dividir a marxistas y anarquistas.

Para los primeros la propiedad privada y la aparición de las clases sociales da origen al poder político y al Estado. Éste no es sino el órgano o el instrumento con que la clase dominante asegura sus privilegios y salvaguarda su propiedad. El poder político resulta así una consecuencia del poder económico. Éste surge primero y engendra a aquél. Hay, por tanto, una relación lineal y unidireccional entre ambos:

poder económico (sociedad de clases) ---> poder político(Estado)

Para los anarquistas, en cambio, es cierto que el Estado es el órgano de la clase dominante y que el poder económico genera el poder político, pero éste no es sino un momento del proceso genético: también es verdad que la clase dominante es órgano del Estado y que el poder político genera el poder económico. La relación es aquí circular y, sin duda, dialéctica (a pesar de que algunos anarquistas como Kropotkin, rechacen toda forma de dialéctica):

poder económico(sociedad de clases) <----> poder político(Estado)

La raíz de todas las diferencias entre el marxismo y el anarquismo en lo referente a la idea de la sociedad, del Estado, de la revolución, se encuentra precisamente aquí.

Los anarquistas saben (desde Proudhon y Bakunin) que una revolución que pretenda acabar con las diferencias de clase sin acabar al mismo tiempo (y no más tarde) con el poder político y la fuerza del Estado está inevitablemente condenada no sólo a consolidar el Estado y a atribuirle la totalidad de los derechos, sino también a engendrar una nueva sociedad de clases y una nueva clase dominante. En este sentido, las palabras que Bakunin escribiera en su polémica con Marx y la socialdemocracia de su tiempo resultaron proféticas. Algunos marxistas lo reconocen así en nuestros días, obligados por el mismo Marx a confesar que los amados países «socialistas» han sustituido simplemente el clásico capitalismo de la libre empresa por un capitalismo de Estado; que el papel de la burguesía ha sido cómodamente asumido, en la URSS, por una nueva clase tecno-burocrática; que las llamadas «democracias populares», lejos de superar las limitaciones e
incongruencias de la democracia representativa, las han agravado hasta la caricatura, y que de la auténtica democracia directa de los soviets de 1918 no queda hoy sino el nombre irónicamente adosado al nombre de un Estado donde no hay ningún tipo de autogestión auténtica.


                                     El cerdo es el el estado y el capitalismo la monedo


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la ideología anarquistaLa Ideología anarquista. Ángel Cappelletti.

viernes, 24 de agosto de 2012

Prisons and their moral influence on prisoners - P. Kropotkin


The prison does not prevent the occurrence of antisocial acts. Multiply your number. No improvement to passing behind its walls. As much to reform, prisons will always remain places of repression, artificial means, such as monasteries, that the prisoner will become less fit to live in community. Not achieve their ends.


Degrade society. Should disappear. Survival of barbarism are mixed with Jesuit philanthropy.


The first duty of a revolutionary is to abolish prisons: those monuments of human hypocrisy and cowardice. No need to fear antisocial acts in a world of equals, among free people, with a sound education and habit of mutual aid. Most of these acts would no longer have reason to be. The remaining would be suffocated in origin.


As for those individuals with bad trends that we bequeath the society after the revolution, will be our task to prevent such exercise trends. This will be achieved very effectively and through the solidarity of all members of the community against such offenders. Otherwise we could succeed in all cases, the only practical corrective treatment would remain fraternal and moral support.


Is this not a utopia. Has already been made with isolated individuals and become general practice. And the media will be much more powerful to protect society from antisocial acts that the current system of punishment that is a constant source of new crimes.



Las cárceles y su influencia moral sobre los presos – P. Kropotkin