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martes, 29 de octubre de 2013

Recordando a Juan Gómez Casas y la revista libertaria "Adarga"



martes, 29 de octubre de 2013 Recordando a Juan Gómez Casas y la revista libertaria "Adarga" Conocí a Juan Gómez Casas, en la calle de la Libertad de Madrid, la víspera del inicio del V Congreso de la CNT en diciembre de 1979.   Un día después volví a hablar con él en el Pabellón de la Casa de Campo de Madrid, donde se celebraba el Congreso, entrevistándolo para Solidaridad Obrera. Pronto deslumbré en su personalidad, marcada por un aire de timidez y de humildad, una gran humanidad.   Para mi generación, Juan Gómez Casas, era un maestro, leyendo sus magníficos libros descubrimos la "verdad" que nos había robado el franquismo. Su historia del anarcosindicalismo español y el de la primera internacional, representaban una puerta abierta a la memoria colectiva de los españoles. La admiración que sentía por Juan, al poco tiempo resultó mutua, él en Madrid, yo en Barcelona, la correspondencia trazó líneas de fraternidad. Sus cartas que ahora he revisado hablan de proyectos, de ilusiones y de consejos hacia un joven historiador: "Sigue por este camino y profundiza en tus planteamientos históricos, el resultado será la obra bien hecha..."   Juan Gómez Casas, había sufrido prisión en los años del franquismo, su militancia en la Confederación le obligó a muchas renuncias y sacrificios. Tenía alma de poeta, destacó como escritor de cuentos sociales, fue un buen periodista confederal, pero se ganaba la vida como pintor de paredes.  Lo volví a encontrar en Barcelona durante la Conferencia de la CNT del año 1980, Juan, que había luchado para conseguir la unificación confederal, le entristecía la nueva situación de la Organización entre crisis y escisiones.    Recuerdo, en otra ocasión, un paseo por el barrio del Raval, en el que hice de cicerone de Juan Gómez Casas y de José Luís García Rúa, después de una conferencia en San Medir. Paseando por aquellas calles cargadas de historia, nos detuvimos en el cruce de San Rafael y Cadena, donde mataron a Salvador Seguí, Gómez Casas, me comentó que el Noi del Sucre representaba el ideal más auténtico del cenetismo. Luego estuvimos cenando en la Fragua con Pep Castells de anfitrión y Miguel García nos cantó un tango de Gardel.   Continuamos la amistad a través de la revista Adarga que salió a la luz, por primera vez, en junio de 1980. No solamente fui colaborador de la revista sino distribuidor en Barcelona.Adarga, se presentaba como una revista cultural de opinión libertaria y con una visión universal del mundo. La revista fue de corta vida, la crisis del movimiento libertario se dejó notar... Pero, una vez pasado el tiempo y analizado su contenido, Adarga, quizá, sea uno de los proyectos libertarios "frustrados" más interesantes de los años ochenta. La revista que pretendía ser escudo y también lanza "en la defensa de nuestras ideas", sucumbió muy pronto por falta de recursos económicos.  Entre los colaboradores de la publicación hay una larga nómina de periodistas y escritores libertarios, Juan Gómez Casas, alma de la revista, apostó por los escritores jóvenes: Ferran Aisa, Josep Alemany, Antonio Artero, Pep Castells, Dolores Domingo, José Luis González Coronado, Gerard Jacas, Luciano Lanza, Fernando Montero, ... Y colaboraron también los experimentados: Benjamín Cano Ruiz, Angel J. Cappeleti, Noam Chomsky, Juan Gómez Casas, Fidel Gorrón, Antonio Zapata, Sara Guillén, Federica Montseny, Abel Paz, Carlos Peregrín-Otero, Carlos M. Rama, Fernando Savater...  Poco tiempo después de esta experiencia periodística, Gómez Casas fue responsable del periódico CNT. Nuevamente me invitó a colaborar en el periódico confederal. Gómez Casas fue convocado a participar, en uno de los actos del Certamen Internacional que organizó el Ateneo Enciclopédico Popular, precisamente, en el coloquio sobre "Nacionalismo y Federalismo". Por razones de salud no pudo participar en el Certamen, pero en su libroRelanzamiento de la CNT, cita el coloquio de l'AEP como un hecho importante del movimiento libertario de los años ochenta. Proseguimos nuestra amistad a través de la correspondencia hasta que el tiempo y su enfermedad nos fue distanciando. Un día me enteré que Juan había muerto... Juan Gómez Casas queda en mi recuerdo como una persona buena, citando a Machado, en el buen sentido de la palabra. Gómez Casas fue para mí un maestro, y, a través de sus libros, aprendí una bella lección: que la historia y la cultura son necesaria para andar por la vida.   Extraído de:  Ferran Aisa-Pàmpols. Butlletí de la Fundació d’Estudis Llibertaris i Anarconsindicalistes, FELLA, núm. 4, 2002.

 Recordando a Juan Gómez Casas y la revista libertaria "Adarga"

Conocí a Juan Gómez Casas, en la calle de la Libertad de Madrid, la víspera del inicio del V Congreso de la CNT en diciembre de 1979. 



Un día después volví a hablar con él en el Pabellón de la Casa de Campo de Madrid, donde se celebraba el Congreso, entrevistándolo para Solidaridad Obrera. Pronto deslumbré en su personalidad, marcada por un aire de timidez y de humildad, una gran humanidad. 



Para mi generación, Juan Gómez Casas, era un maestro, leyendo sus magníficos libros descubrimos la "verdad" que nos había robado el franquismo. Su historia del anarcosindicalismo español y el de la primera internacional, representaban una puerta abierta a la memoria colectiva de los españoles.

La admiración que sentía por Juan, al poco tiempo resultó mutua, él en Madrid, yo en Barcelona, la correspondencia trazó líneas de fraternidad. Sus cartas que ahora he revisado hablan de proyectos, de ilusiones y de consejos hacia un joven historiador: "Sigue por este camino y profundiza en tus planteamientos históricos, el resultado será la obra bien hecha..."

 

Juan Gómez Casas, había sufrido prisión en los años del franquismo, su militancia en la Confederación le obligó a muchas renuncias y sacrificios. Tenía alma de poeta, destacó como escritor de cuentos sociales, fue un buen periodista confederal, pero se ganaba la vida como pintor de paredes. 

Lo volví a encontrar en Barcelona durante la Conferencia de la CNT del año 1980, Juan, que había luchado para conseguir la unificación confederal, le entristecía la nueva situación de la Organización entre crisis y escisiones. 



martes, 29 de octubre de 2013 Recordando a Juan Gómez Casas y la revista libertaria "Adarga" Conocí a Juan Gómez Casas, en la calle de la Libertad de Madrid, la víspera del inicio del V Congreso de la CNT en diciembre de 1979.   Un día después volví a hablar con él en el Pabellón de la Casa de Campo de Madrid, donde se celebraba el Congreso, entrevistándolo para Solidaridad Obrera. Pronto deslumbré en su personalidad, marcada por un aire de timidez y de humildad, una gran humanidad.   Para mi generación, Juan Gómez Casas, era un maestro, leyendo sus magníficos libros descubrimos la "verdad" que nos había robado el franquismo. Su historia del anarcosindicalismo español y el de la primera internacional, representaban una puerta abierta a la memoria colectiva de los españoles. La admiración que sentía por Juan, al poco tiempo resultó mutua, él en Madrid, yo en Barcelona, la correspondencia trazó líneas de fraternidad. Sus cartas que ahora he revisado hablan de proyectos, de ilusiones y de consejos hacia un joven historiador: "Sigue por este camino y profundiza en tus planteamientos históricos, el resultado será la obra bien hecha..."   Juan Gómez Casas, había sufrido prisión en los años del franquismo, su militancia en la Confederación le obligó a muchas renuncias y sacrificios. Tenía alma de poeta, destacó como escritor de cuentos sociales, fue un buen periodista confederal, pero se ganaba la vida como pintor de paredes.  Lo volví a encontrar en Barcelona durante la Conferencia de la CNT del año 1980, Juan, que había luchado para conseguir la unificación confederal, le entristecía la nueva situación de la Organización entre crisis y escisiones.    Recuerdo, en otra ocasión, un paseo por el barrio del Raval, en el que hice de cicerone de Juan Gómez Casas y de José Luís García Rúa, después de una conferencia en San Medir. Paseando por aquellas calles cargadas de historia, nos detuvimos en el cruce de San Rafael y Cadena, donde mataron a Salvador Seguí, Gómez Casas, me comentó que el Noi del Sucre representaba el ideal más auténtico del cenetismo. Luego estuvimos cenando en la Fragua con Pep Castells de anfitrión y Miguel García nos cantó un tango de Gardel.   Continuamos la amistad a través de la revista Adarga que salió a la luz, por primera vez, en junio de 1980. No solamente fui colaborador de la revista sino distribuidor en Barcelona.Adarga, se presentaba como una revista cultural de opinión libertaria y con una visión universal del mundo. La revista fue de corta vida, la crisis del movimiento libertario se dejó notar... Pero, una vez pasado el tiempo y analizado su contenido, Adarga, quizá, sea uno de los proyectos libertarios "frustrados" más interesantes de los años ochenta. La revista que pretendía ser escudo y también lanza "en la defensa de nuestras ideas", sucumbió muy pronto por falta de recursos económicos.  Entre los colaboradores de la publicación hay una larga nómina de periodistas y escritores libertarios, Juan Gómez Casas, alma de la revista, apostó por los escritores jóvenes: Ferran Aisa, Josep Alemany, Antonio Artero, Pep Castells, Dolores Domingo, José Luis González Coronado, Gerard Jacas, Luciano Lanza, Fernando Montero, ... Y colaboraron también los experimentados: Benjamín Cano Ruiz, Angel J. Cappeleti, Noam Chomsky, Juan Gómez Casas, Fidel Gorrón, Antonio Zapata, Sara Guillén, Federica Montseny, Abel Paz, Carlos Peregrín-Otero, Carlos M. Rama, Fernando Savater...  Poco tiempo después de esta experiencia periodística, Gómez Casas fue responsable del periódico CNT. Nuevamente me invitó a colaborar en el periódico confederal. Gómez Casas fue convocado a participar, en uno de los actos del Certamen Internacional que organizó el Ateneo Enciclopédico Popular, precisamente, en el coloquio sobre "Nacionalismo y Federalismo". Por razones de salud no pudo participar en el Certamen, pero en su libroRelanzamiento de la CNT, cita el coloquio de l'AEP como un hecho importante del movimiento libertario de los años ochenta. Proseguimos nuestra amistad a través de la correspondencia hasta que el tiempo y su enfermedad nos fue distanciando. Un día me enteré que Juan había muerto... Juan Gómez Casas queda en mi recuerdo como una persona buena, citando a Machado, en el buen sentido de la palabra. Gómez Casas fue para mí un maestro, y, a través de sus libros, aprendí una bella lección: que la historia y la cultura son necesaria para andar por la vida.   Extraído de:  Ferran Aisa-Pàmpols. Butlletí de la Fundació d’Estudis Llibertaris i Anarconsindicalistes, FELLA, núm. 4, 2002.



Recuerdo, en otra ocasión, un paseo por el barrio del Raval, en el que hice de cicerone de Juan Gómez Casas y de José Luís García Rúa, después de una conferencia en San Medir. Paseando por aquellas calles cargadas de historia, nos detuvimos en el cruce de San Rafael y Cadena, donde mataron a Salvador Seguí, Gómez Casas, me comentó que el Noi del Sucre representaba el ideal más auténtico del cenetismo. Luego estuvimos cenando en la Fragua con Pep Castells de anfitrión y Miguel García nos cantó un tango de Gardel. 



Continuamos la amistad a través de la revista Adarga que salió a la luz, por primera vez, en junio de 1980. No solamente fui colaborador de la revista sino distribuidor en Barcelona.Adarga, se presentaba como una revista cultural de opinión libertaria y con una visión universal del mundo. La revista fue de corta vida, la crisis del movimiento libertario se dejó notar... Pero, una vez pasado el tiempo y analizado su contenido, Adarga, quizá, sea uno de los proyectos libertarios "frustrados" más interesantes de los años ochenta. La revista que pretendía ser escudo y también lanza "en la defensa de nuestras ideas", sucumbió muy pronto por falta de recursos económicos.



Entre los colaboradores de la publicación hay una larga nómina de periodistas y escritores libertarios, Juan Gómez Casas, alma de la revista, apostó por los escritores jóvenes: Ferran Aisa, Josep Alemany, Antonio Artero, Pep Castells, Dolores Domingo, José Luis González Coronado, Gerard Jacas, Luciano Lanza, Fernando Montero, ... Y colaboraron también los experimentados: Benjamín Cano Ruiz, Angel J. Cappeleti, Noam Chomsky, Juan Gómez Casas, Fidel Gorrón, Antonio Zapata, Sara Guillén, Federica Montseny, Abel Paz, Carlos Peregrín-Otero, Carlos M. Rama, Fernando Savater...



Poco tiempo después de esta experiencia periodística, Gómez Casas fue responsable del periódico CNT. Nuevamente me invitó a colaborar en el periódico confederal.

Gómez Casas fue convocado a participar, en uno de los actos del Certamen Internacional que organizó el Ateneo Enciclopédico Popular, precisamente, en el coloquio sobre "Nacionalismo y Federalismo". Por razones de salud no pudo participar en el Certamen, pero en su libroRelanzamiento de la CNT, cita el coloquio de l'AEP como un hecho importante del movimiento libertario de los años ochenta.

Proseguimos nuestra amistad a través de la correspondencia hasta que el tiempo y su enfermedad nos fue distanciando. Un día me enteré que Juan había muerto...

Juan Gómez Casas queda en mi recuerdo como una persona buena, citando a Machado, en el buen sentido de la palabra. Gómez Casas fue para mí un maestro, y, a través de sus libros, aprendí una bella lección: que la historia y la cultura son necesaria para andar por la vida. 



Extraído de: 

Ferran Aisa-Pàmpols.

Butlletí de la Fundació d’Estudis Llibertaris i Anarconsindicalistes, FELLA, núm. 4, 2002.

viernes, 12 de abril de 2013

Vadim Damier. Anarquismo y sindicalismo

Vadim Damier. Anarquismo y sindicalismo

Главная Vadim Damier. Anarquismo y sindicalismo  Un filósofo dijo una vez que quien no estudia la historia está condenado a repetir sus errores. La cuestión está en buscar qué pudo hacerse mal, o no bien del todo, en el pasado. Esto puede darnos la posibilidad de no repetir errores en el presente y en el futuro.  Por supuesto, seria poco razonable y pretencioso dar lecciones a los compañeros de paises que estan a miles de kilómetros del nuestro, con otras circunstancias y con unas condiciones de lucha social y laboral muy diferentes. Pero cuando miro al pasado de la historia del movimiento anarcosindicalista en España, no sólo veo victorias estupendas y la gran revolución, sino también ciertos problemas internos. Y esos problemas permanecen de igual forma durante toda la historia de la heroica CNT.  Los intentos de usurpación bolchevique a principios de los años 20; las discusiones permanentes sobre la participación politica, el colaboracionismo de Pestaña y Peiró con politicos de la oposición en la lucha contra la dictadura de Primo de Rivera, el trentismo, el rechazo en Julio de 1936 al concepto confederal del comunismo libertario del Congreso de Zaragoza, el ministerialismo de la Guerra Civil, el frente común de posturas ‘internas’ con posturas autoritarias en la lucha contra Franco de los años 40 y 50, el cincopuntismo, la infiltración masiva de los reformistas y finalmente la escisión que llevó a la creacion de la CGT, hasta los actuales problemas con los heterodoxos y los intentos de expulsión de la Confederación de sus críticos mas activos…  SOBRE LAS "CONTRADICCIONES"  Podemos afirmar que la CNT ha luchado siempre contra el reformismo a lo de toda su historia. El reformismo fue siempre derrotado pero renació una y otra vez. Nunca podremos curar esta enfermedad si no entendemos de dónde viene.  Existe un punto de vista que entiende que problemas de este tipo son inherentes al anarcosindicalismo. Que el anarcosindicalismo se mueve en una constante tensión o "contradicción dialéctica" entre su objetivo final y las mejoras inmediatas, entre un poco de "maximalismo" y algunas "reformas". Que esta línea es muy fina y es muy sencillo - o incluso "natural" - que derive algunas veces en una especie de "reformismo". Pero es imposible curar una enfermedad sólo declarándola "natural": un día puede ser mortal. Sólo los marxistas con sus esquemas hegelianos de "la negación de la negación" pueden ver las contradicciones como la base de todo desarrollo. El anarquismo busca en la coherencia su finalidad, y este objetivo sólo podrá conseguirse mediante la eliminación de las contradicciones y la restauración de la armonía. Un organismo que se rompe por las contradicciones nunca puede funcionar con coherencia, inteligencia o hacia un fin. A largo plazo, está condenado al fracaso.  Uno de los principios generales del anarcosindicalismo es que, en esta combinación, el anarquismo es el objetivo y el sindicalismo es el medio. Y lo que es más, el movimiento de los trabajadores anarquistas o el anarcosindicalismo es la única forma de anarquismo de masas conocido en la historia porque hace posible, a través de luchas concretas, restablecer la solidaridad y la capacidad de autogobierno entre las personas y demostrar la posibilidad de una vida nueva sin jerarquías ni dominación. Es por esto que la acción sindical es uno de los mejores métodos para conseguir objetivos anarquistas, pero no es un valor en sí mismo para aquellas personas que quieren ser libres. Nadie de nuestro movimiento pone esto en duda oficialmente, pero la realidad nos dice lo contrario a veces...  ¿ABIERTOS A "TODOS LOS TRABAJADORES"?  La peculiaridad de la CNT en España fue siempre la fuerza desde su fundación y: su estupendo éxito. Pero también fue la base de alguno de sus problemas, a pesar de algunos de estos problemas se "importaron".  Sin necesidad de remontarnos mucho al pasado, recordamos que la Confederación Nacional del Trabajo se fundó en 1910 a partir de la fusión de dos tradiciones diferentes. Una venia de la Federación Regional Ibérica de la Primera Internacional y sus organizaciones obreras: tenían un objetivo abiertamente libertario y claro, luchando no sólo por mejoras inmediatas sino también por una sociedad libre y sin Estado. La segunda tradición venía de la CGT francesa y su sindicalismo revolucionario basado en la acción directa. La influencia de este emergente movimiento en el país vecino fue tan grande, que las asociaciones obreras en España llegaron a abandonar el nombre de "sociedades de resistencia" para adoptar el apelativo francés de “sindicatos”. Algunos de los principios del sindicalismo revolucionario francés traspasaron los Pirineos: la apertura de las organizaciones obreras a "todos los trabajadores" con independencia de su ideología y objetivos sociales (un sindicalismo ideológicamente "neutral") y la visión de la sociedad futura federada en sindicatos más que en comunas libertarías libres (los puntos básicos de la Carta de Amiens de la CGT francesa).  Pero el significado de esta tradición de CGT era diferente en Francia y en España. En Francia, la adopción del sindicalismo revolucionario fue un avance obvio porque se presentó como una ruptura con la antigua dominación del autoritarismo marxista sobre el movimiento obrero. La Carta de Amiens fue una colaboración entre libertarios, socialistas autoritarios y sindicalistas puros. Durante un tiempo dio a los anarquistas una muy buena oportunidad para extender la influencia de las ideas libertarias entre la clase trabajadora, pero en España el movimiento de los trabajadores anarquistas no necesitaba de este tipo de colaboraciones. Tenia suficiente fuerza por sí mismo.  Las cuestiones que eran "avanzadas" para la situación en Francia, se tradujeron en una dualidad confusa en España. La CNT adoptó ambos conceptos: la sociedad libertaria como objetivo y los sindicatos abiertos a "todos los trabajadores". Se acababa de crear una contradicción muy seria: ¿cómo un trabajador que rechaza el objetivo libertario puede ser miembro - sólo por el hecho de ser trabajador - de una organización en lucha no sólo por mejoras parciales sino por una sociedad libertaria? Aquí nació el eterno problema de la CNT entre "anarquistas" y los de tendencia "sindicalista" (unos sindicalistas más "neutros”, en honor a la verdad).  El principio de "apertura" dejó la puerta abierta en la CNT a trabajadores no sólo revolucionarios sino también reformistas. Esto venía apoyado por algunos anarquistas que compartían la postura de Malatesta respecto a los sindicatos: no consideraban los sindicatos como medias de lucha por una sociedad libertaría y los veían como reformismo permanente. Tanto de la parte “no ideólogica del sindicalismo” como del anarquismo de Matatesta resultó la apertura a “todos los trabajadores” en la búsqueda de un crecimiento cuantitativo de los afiliados muy rápido y apenas sin coste alguno. Y los partidarios de una "estructura sindical" para una sociedad futura (como los trentistas) intentaron convencer al resto de que cuanto más grandes fuesen los sindicatos anarcosindicalistas, más cerca estaría la revolución.  Pero esta interpretación cuantitativa, numérica, tiene lógicamente también otro tipo de resultados. Cuanto más grandes son los sindicatos más tienen que “suavizar" sus ideas para atraer más a "los normales", esto es, a los no-revolucionarios, a los trabajadores "moderados", para no asustarlos.  Tienen que ser más "heterodoxos", menos anarquistas, menos "ideologilizados", más dispuestos a colaborar con políticos y refomistas. En otras palabras: ellos también deben ser reformistas. Desde entonces, la "apertura" y el crecimiento imperativo a costa del "ideal de igualdad" se convirtió en la bandera de todos los reformistas para dañar a la CNT desde dentro.  ANARQUISMO FRENTE A SINDICALISMO "MENOS IDEOLÓGICO"  La tendencia más anarquista en la CNT diagnosticó el peligro muy rápidamente e intentó combatirlo. A principios de los años 20, mostraron interés por la experiencia del movimiento anarquista de trabajadores en Argentina, la FORA.  El "forísmo" rechazaba tanto el "sindicalismo no ideológico" como el posicionamiento de Malatesta. Como la CNT, proclamaba abiertamente el objetivo anarco-comunista (el comunismo libertario) de los sindicatos anarquistas de trabajadores. Pero rechazaba categóricamente el principio de su "apertura" a "todos los trabajadores" con independencia de sus ideas y convicciones y el crecimiento numérico a cualquier precio. Los "forístas" proponían:  [...] la formación de un movimiento sindical propio, con el programa del anarquismo, compuesto por anarquistas y simpatizantes que demonstrarán prácticamente al resto de los trabajadores, con quines conviven diariamente en la vida productiva, los métodos más eficaces de lucha y el verdadero fin de todos nuestros esfuerzos. (Emilio López Arango y Diego Abad de Santillan. El anarquismo en el movimiento obrero. Barcelona, 1925. P.163).  Era la postura de una organización anarquista de trabajadores que era al mismo tiempo sindicato y asociación “ideológica”, o más correctamente, un sindicato con ideas claras y abiertamente anarquistas. No había lugar para aquellos que rechazasen el objetivo anarquista (como los partidarios de partidos políticos) o quienes simplemente buscaban un sindicato "más eficiente". Era un sindicato de "anarquistas y simpatizantes".  Muchas personas del movimiento anarquista de Europa malinterpretaron esta postura. Incluso hoy en día, algunos piensan que el "forismo" quiere construir una especie de partido político anarquista: una organización en la que todos sus miembros se declaren de conciencia "anarquista", conozcan la teoría libertaria, pertenezcan a grupos de filosofía anarquista o afines, etc. Nada más lejos de la verdad. La FORA no sólo era de personas "con conciencia", también estaba para anarquistas "espontáneos", es decir, para personas que aún no conociendo la teoría anarquista o sin declararse "anarquistas", compartían el objetivo anarquista de una sociedad comunista sin Estado.  Frente a ese anarquismo filosófico o político presentamos nuestra concepción y nuestra realidad de movimiento social anarquista, vastas agrupaciones de masas que no eluden ningún problema del anarquismo filosófico y que toman al hombre tal cual es, no sólo como adepto de una idea, sino como miembro de una fracción humana explotada y oprimida (Ibid. P.165).  Frente a la trampa política de Pestaña y Peiró, un número importante de anarquistas y anarcosindicalistas españoles expresaron su simpatía en los años 20 por las posturas de los "foristas". Esto puede leerse en el conocido libro de Juan Gómez Casas sobre la historia de la FAI. Pero al final, prevaleció otra opción: agrupar a todos los grupos de afinidad anarquistas en la FAI e intentar actuar como anarquistas en la CNT para contrarrestar las tendencias reformistas del "sindicalismo menos ideológico". Ahora sabemos que esta postura sólo tuvo un éxito limitado y sólo en un periodo de tiempo corto. Además, reforzó la dualidad "anarquista- sindicalista" en la CNT y no resolvió la contradicción mencionada al principio. Si hay anarquistas "especiales" en alguna organización, se supone que el resto (una inmensa mayoría) no lo son.  El problema, sin duda, influyó en el destino de la CNT en la revolución española y permaneció sin solución hasta ahora.  ¿Y ahora qué?  La situación actual del movimiento anarcosindicalista (no sólo en España) indica que esta dualidad de tradiciones anarquista y de "sindicalismo revolucionario" de la Carta de Amiens se ha convertido en un arma fortísima en manos de las tendencias reformistas. Utilizan esta situación contra los militantes revolucionarios y contra los sindicatos en todo el mundo, suavizando el contenido "ideal", forzando el crecimiento cuantitativo de las afiliaciones a costa de la "desideologizacion" del anarcosindicalismo e imponiendo una colaboracion mas estrecha con los sindicatos reformistas у las fuerzas politicas. Sus intenciones son claras. Vivimos en una fase ofensiva del capitalismo a nivel mundial en la que los sindicatos "oficiales" reformistas no quieren у по pueden organizar la defensa de los trabajadores. Este sindicalismo reformista espera ocupar su lugar. Pero como consecuencia de la atomizacion у la debilidad de la conciencia de clase entre los trabajadores, pueden atraer mucha gente solo rechazando las posturas "extremistas", "demasiado revolucionarias" у "demasiado ideologicas" de los revolucionarios anarcosindicalistas. Su objetivo es convertirse en sindicatos muy "normales" (puede que un poco mas "radicales" e insistentes) sin ningun objetivo de transformación libertaria de la sociedad. Esto significaria la vuelta definitiva del "sindicalismo no ideologico" a la socialdemocracia.  Pero la mayoria de estas esperanzas se veran truncadas desde una perpectiva a largo plazo. El "postkeynesianismo" del capitalismo no necesita màs aliados en la sociedad; necesita la destrucción de la organización en el trabajo, una capitulación. En este contexto, no cabe el reformismo que espera coquetear con su propio "radicalismo" imaginario. Para organizar la rendición, ya nos basta con los sindicatos "oficiales" reformistas.  No aportaran nada a los trabajadores, pero los sindicatos reformistas "desideologizados" pueden, eso si, aniquilar el movimiento anarcosindicalista. Eliminan practicamente la "dualidad" entre anarquismo у "apertura". Defendiendola, perderemos. Podemos discutir otras opciones, altemativas nuevas dentro del anarcosindicalimo. Es por esto que la experiencia "forista" de unidad real de anarquismo у sindicalimo у el "modelo" de organización anarquista de trabajadores puede ser util en la situacion actual.  (Adarga. Revista de pensamiento y critica anarquista. Vol.1. 2013. Enero. P.40–47)        От admin3 в 04/12/2013 - 09:27     anarco-sindicalismo     Anarquismo     Damier     espanol
Un filósofo dijo una vez que quien no estudia la historia está condenado a repetir sus errores. La cuestión está en buscar qué pudo hacerse mal, o no bien del todo, en el pasado. Esto puede darnos la posibilidad de no repetir errores en el presente y en el futuro.

Por supuesto, seria poco razonable y pretencioso dar lecciones a los compañeros de paises que estan a miles de kilómetros del nuestro, con otras circunstancias y con unas condiciones de lucha social y laboral muy diferentes. Pero cuando miro al pasado de la historia del movimiento anarcosindicalista en España, no sólo veo victorias estupendas y la gran revolución, sino también ciertos problemas internos. Y esos problemas permanecen de igual forma durante toda la historia de la heroica CNT.

Los intentos de usurpación bolchevique a principios de los años 20; las discusiones permanentes sobre la participación politica, el colaboracionismo de Pestaña y Peiró con politicos de la oposición en la lucha contra la dictadura de Primo de Rivera, el trentismo, el rechazo en Julio de 1936 al concepto confederal del comunismo libertario del Congreso de Zaragoza, el ministerialismo de la Guerra Civil, el frente común de posturas ‘internas’ con posturas autoritarias en la lucha contra Franco de los años 40 y 50, el cincopuntismo, la infiltración masiva de los reformistas y finalmente la escisión que llevó a la creacion de la CGT, hasta los actuales problemas con los heterodoxos y los intentos de expulsión de la Confederación de sus críticos mas activos…

SOBRE LAS "CONTRADICCIONES"
Podemos afirmar que la CNT ha luchado siempre contra el reformismo a lo de toda su historia. El reformismo fue siempre derrotado pero renació una y otra vez. Nunca podremos curar esta enfermedad si no entendemos de dónde viene.

Existe un punto de vista que entiende que problemas de este tipo son inherentes al anarcosindicalismo. Que el anarcosindicalismo se mueve en una constante tensión o "contradicción dialéctica" entre su objetivo final y las mejoras inmediatas, entre un poco de "maximalismo" y algunas "reformas". Que esta línea es muy fina y es muy sencillo - o incluso "natural" - que derive algunas veces en una especie de "reformismo". Pero es imposible curar una enfermedad sólo declarándola "natural": un día puede ser mortal. Sólo los marxistas con sus esquemas hegelianos de "la negación de la negación" pueden ver las contradicciones como la base de todo desarrollo. El anarquismo busca en la coherencia su finalidad, y este objetivo sólo podrá conseguirse mediante la eliminación de las contradicciones y la restauración de la armonía. Un organismo que se rompe por las contradicciones nunca puede funcionar con coherencia, inteligencia o hacia un fin. A largo plazo, está condenado al fracaso.

Uno de los principios generales del anarcosindicalismo es que, en esta combinación, el anarquismo es el objetivo y el sindicalismo es el medio. Y lo que es más, el movimiento de los trabajadores anarquistas o el anarcosindicalismo es la única forma de anarquismo de masas conocido en la historia porque hace posible, a través de luchas concretas, restablecer la solidaridad y la capacidad de autogobierno entre las personas y demostrar la posibilidad de una vida nueva sin jerarquías ni dominación. Es por esto que la acción sindical es uno de los mejores métodos para conseguir objetivos anarquistas, pero no es un valor en sí mismo para aquellas personas que quieren ser libres. Nadie de nuestro movimiento pone esto en duda oficialmente, pero la realidad nos dice lo contrario a veces...

¿ABIERTOS A "TODOS LOS TRABAJADORES"?
La peculiaridad de la CNT en España fue siempre la fuerza desde su fundación y: su estupendo éxito. Pero también fue la base de alguno de sus problemas, a pesar de algunos de estos problemas se "importaron".
Sin necesidad de remontarnos mucho al pasado, recordamos que la Confederación Nacional del Trabajo se fundó en 1910 a partir de la fusión de dos tradiciones diferentes. Una venia de la Federación Regional Ibérica de la Primera Internacional y sus organizaciones obreras: tenían un objetivo abiertamente libertario y claro, luchando no sólo por mejoras inmediatas sino también por una sociedad libre y sin Estado. La segunda tradición venía de la CGT francesa y su sindicalismo revolucionario basado en la acción directa. La influencia de este emergente movimiento en el país vecino fue tan grande, que las asociaciones obreras en España llegaron a abandonar el nombre de "sociedades de resistencia" para adoptar el apelativo francés de “sindicatos”. Algunos de los principios del sindicalismo revolucionario francés traspasaron los Pirineos: la apertura de las organizaciones obreras a "todos los trabajadores" con independencia de su ideología y objetivos sociales (un sindicalismo ideológicamente "neutral") y la visión de la sociedad futura federada en sindicatos más que en comunas libertarías libres (los puntos básicos de la Carta de Amiens de la CGT francesa).

Pero el significado de esta tradición de CGT era diferente en Francia y en España. En Francia, la adopción del sindicalismo revolucionario fue un avance obvio porque se presentó como una ruptura con la antigua dominación del autoritarismo marxista sobre el movimiento obrero. La Carta de Amiens fue una colaboración entre libertarios, socialistas autoritarios y sindicalistas puros. Durante un tiempo dio a los anarquistas una muy buena oportunidad para extender la influencia de las ideas libertarias entre la clase trabajadora, pero en España el movimiento de los trabajadores anarquistas no necesitaba de este tipo de colaboraciones. Tenia suficiente fuerza por sí mismo.

Las cuestiones que eran "avanzadas" para la situación en Francia, se tradujeron en una dualidad confusa en España. La CNT adoptó ambos conceptos: la sociedad libertaria como objetivo y los sindicatos abiertos a "todos los trabajadores". Se acababa de crear una contradicción muy seria: ¿cómo un trabajador que rechaza el objetivo libertario puede ser miembro - sólo por el hecho de ser trabajador - de una organización en lucha no sólo por mejoras parciales sino por una sociedad libertaria? Aquí nació el eterno problema de la CNT entre "anarquistas" y los de tendencia "sindicalista" (unos sindicalistas más "neutros”, en honor a la verdad).

El principio de "apertura" dejó la puerta abierta en la CNT a trabajadores no sólo revolucionarios sino también reformistas. Esto venía apoyado por algunos anarquistas que compartían la postura de Malatesta respecto a los sindicatos: no consideraban los sindicatos como medias de lucha por una sociedad libertaría y los veían como reformismo permanente. Tanto de la parte “no ideólogica del sindicalismo” como del anarquismo de Matatesta resultó la apertura a “todos los trabajadores” en la búsqueda de un crecimiento cuantitativo de los afiliados muy rápido y apenas sin coste alguno. Y los partidarios de una "estructura sindical" para una sociedad futura (como los trentistas) intentaron convencer al resto de que cuanto más grandes fuesen los sindicatos anarcosindicalistas, más cerca estaría la revolución.

Pero esta interpretación cuantitativa, numérica, tiene lógicamente también otro tipo de resultados. Cuanto más grandes son los sindicatos más tienen que “suavizar" sus ideas para atraer más a "los normales", esto es, a los no-revolucionarios, a los trabajadores "moderados", para no asustarlos.

Tienen que ser más "heterodoxos", menos anarquistas, menos "ideologilizados", más dispuestos a colaborar con políticos y refomistas. En otras palabras: ellos también deben ser reformistas. Desde entonces, la "apertura" y el crecimiento imperativo a costa del "ideal de igualdad" se convirtió en la bandera de todos los reformistas para dañar a la CNT desde dentro.

ANARQUISMO FRENTE A SINDICALISMO "MENOS IDEOLÓGICO"
La tendencia más anarquista en la CNT diagnosticó el peligro muy rápidamente e intentó combatirlo. A principios de los años 20, mostraron interés por la experiencia del movimiento anarquista de trabajadores en Argentina, la FORA.

El "forísmo" rechazaba tanto el "sindicalismo no ideológico" como el posicionamiento de Malatesta. Como la CNT, proclamaba abiertamente el objetivo anarco-comunista (el comunismo libertario) de los sindicatos anarquistas de trabajadores. Pero rechazaba categóricamente el principio de su "apertura" a "todos los trabajadores" con independencia de sus ideas y convicciones y el crecimiento numérico a cualquier precio. Los "forístas" proponían:

[...] la formación de un movimiento sindical propio, con el programa del anarquismo, compuesto por anarquistas y simpatizantes que demonstrarán prácticamente al resto de los trabajadores, con quines conviven diariamente en la vida productiva, los métodos más eficaces de lucha y el verdadero fin de todos nuestros esfuerzos. (Emilio López Arango y Diego Abad de Santillan. El anarquismo en el movimiento obrero. Barcelona, 1925. P.163).

Era la postura de una organización anarquista de trabajadores que era al mismo tiempo
sindicato y asociación “ideológica”, o más correctamente, un sindicato con ideas claras y abiertamente
anarquistas. No había lugar para aquellos que rechazasen el objetivo anarquista (como los partidarios de partidos políticos) o quienes simplemente buscaban un sindicato "más eficiente". Era un sindicato de "anarquistas y simpatizantes".

Muchas personas del movimiento anarquista de Europa malinterpretaron esta postura. Incluso hoy en día, algunos piensan que el "forismo" quiere construir una especie de partido político anarquista: una organización en la que todos sus miembros se declaren de conciencia "anarquista", conozcan la teoría libertaria, pertenezcan a grupos de filosofía anarquista o afines, etc. Nada más lejos de la verdad. La FORA no sólo era de personas "con conciencia", también estaba para anarquistas "espontáneos", es decir, para personas que aún no conociendo la teoría anarquista o sin declararse "anarquistas", compartían el objetivo anarquista de una sociedad comunista sin Estado.

Frente a ese anarquismo filosófico o político presentamos nuestra concepción y nuestra realidad de movimiento social anarquista, vastas agrupaciones de masas que no eluden ningún problema del anarquismo filosófico y que toman al hombre tal cual es, no sólo como adepto de una idea, sino como miembro de una fracción humana explotada y oprimida (Ibid. P.165).

Frente a la trampa política de Pestaña y Peiró, un número importante de anarquistas y anarcosindicalistas españoles expresaron su simpatía en los años 20 por las posturas de los "foristas". Esto puede leerse en el conocido libro de Juan Gómez Casas sobre la historia de la FAI. Pero al final, prevaleció otra opción: agrupar a todos los grupos de afinidad anarquistas en la FAI e intentar actuar como anarquistas en la CNT para contrarrestar las tendencias reformistas del "sindicalismo menos ideológico". Ahora sabemos que esta postura sólo tuvo un éxito limitado y sólo en un periodo de tiempo corto. Además, reforzó la dualidad "anarquista- sindicalista" en la CNT y no resolvió la contradicción mencionada al principio. Si hay anarquistas "especiales" en alguna organización, se supone que el resto (una inmensa mayoría) no lo son.
El problema, sin duda, influyó en el destino de la CNT en la revolución española y permaneció sin solución hasta ahora.

¿Y ahora qué?
La situación actual del movimiento anarcosindicalista (no sólo en España) indica que esta dualidad de tradiciones anarquista y de "sindicalismo revolucionario" de la Carta de Amiens se ha convertido en un arma fortísima en manos de las tendencias reformistas. Utilizan esta situación contra los militantes revolucionarios y contra los sindicatos en todo el mundo, suavizando el contenido "ideal", forzando el crecimiento cuantitativo de las afiliaciones a costa de la "desideologizacion" del anarcosindicalismo e imponiendo una colaboracion mas estrecha con los sindicatos reformistas у las fuerzas politicas. Sus intenciones son claras. Vivimos en una fase ofensiva del capitalismo a nivel mundial en la que los sindicatos "oficiales" reformistas no quieren у по pueden organizar la defensa de los trabajadores. Este sindicalismo reformista espera ocupar su lugar. Pero como consecuencia de la atomizacion у la debilidad de la conciencia de clase entre los trabajadores, pueden atraer mucha gente solo rechazando las posturas "extremistas", "demasiado revolucionarias" у "demasiado ideologicas" de los revolucionarios anarcosindicalistas. Su objetivo es convertirse en sindicatos muy "normales" (puede que un poco mas "radicales" e insistentes) sin ningun objetivo de transformación libertaria de la sociedad. Esto significaria la vuelta definitiva del "sindicalismo no ideologico" a la socialdemocracia.
Pero la mayoria de estas esperanzas se veran truncadas desde una perpectiva a largo plazo. El "postkeynesianismo" del capitalismo no necesita màs aliados en la sociedad; necesita la destrucción de la organización en el trabajo, una capitulación. En este contexto, no cabe el reformismo que espera coquetear con su propio "radicalismo" imaginario. Para organizar la rendición, ya nos basta con los sindicatos "oficiales" reformistas.

No aportaran nada a los trabajadores, pero los sindicatos reformistas "desideologizados" pueden, eso si, aniquilar el movimiento anarcosindicalista. Eliminan practicamente la "dualidad" entre anarquismo у "apertura". Defendiendola, perderemos. Podemos discutir otras opciones, altemativas nuevas dentro del anarcosindicalimo. Es por esto que la experiencia "forista" de unidad real de anarquismo у sindicalimo у el "modelo" de organización anarquista de trabajadores puede ser util en la situacion actual.

(Adarga. Revista de pensamiento y critica anarquista. Vol.1. 2013. Enero. P.40–47)

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