*Charla
a cargo de José Luis Guzmán García, sobre Manuel Pérez Fernández
(1887-1964), destacado anarquista de calado internacional y uno de los
miembros fundadores de la “Confederación Regional del Trabajo de
Canarias” de la CNT, creada en agosto de 1932.
Un batallón de canarios impidió la toma de Madrid por el ejército de Franco. Son pocos los que saben de la existencia de una unidad militar llamada "Batallón Canarias",
que actuó en suelo ibérico durante la Guerra Civil española. Cuando en
noviembre de 1936 Madrid, capital de la República resistente, se
encontraba violentamente acosada por las tropas de los militares
insurrectos, un grupo de milicianos canarios, comandados por el
ingeniero gomero Guillermo Ascanio, contribuyó de forma decisiva a
paralizar una ofensiva que pudo haber acabado con la II República a los
pocos meses de producirse el golpe militar del 18 de Julio. En este
vídeo reportaje, realizado con imágenes de aquella resistencia, Canarias-semanal presenta el libro "Guillermo Ascanio, comandante del Batallón Canarias"
que, setenta años después, trata de recuperar la gesta y la memoria de
los integrantes de aquel destacamento militar y de su comandante,
Guillermo Ascanio, fusilado en 1942 por la dictadura, en una cárcel
madrileña.
Un año de labor.
En Un año de labor,
escrito en La Habana en 1901, Cabrera Díaz narra los primeros pasos de
la AOC: la constitución de los gremios, las huelgas, las iniciativas
desarrolladas por los trabajadores organizados (periódico El Obrero, panadería
colectiva…)
y las valoraciones que la prensa de la época realizó acerca de su
surgimiento y actividad. Los primeros pasos fueron dados por Francisco
Expósito, Antonio Martín Hernández y José Cabrera Díaz, que fue nombrado
presidente del primer consejo general de la asociación. Esta edición se
completa con un estudio introductorio y la anotación del texto por
parte de Raquel Pérez Brito, especialista en los orígenes del movimiento
obrero canario y en el ideario anarquista.
Nació
en el año 1875 en la isla de Tenerife. A los 20 años comenzó su carrera
periodística en el semanario de la juventud republicana El Pueblo. En
1896 ingresó en la logia Añaza. La masonería fue un elemento clave en su
vida y en 1921 llegó a presidir el comité de propaganda y acción
masónicas de Cuba. Entre 1896 y 1899 realizó el servicio militar en
Filipinas. Al regresar de Manila retomó la labor periodística. Publicó
en las revistas Gente Nueva, Noticiero Canario, Siglo XX y La Semana.
También destacó su pluma en los semanarios republicanos El Pueblo, La
Palestra, La Luz, El Memorándum, El Iriarte, y El Orden. Como
anarquista, fue fundador y primer director del órgano portavoz de la
Asociación Obrera de Canarias, El Obrero. Fue miembro de la junta
directiva de la Asociación de la Prensa de Tenerife, creada en 1902. A
finales de 1909 se trasladó definitivamente a Cuba. En 1924 fundó el
Partido Nacionalista Canario (PNC) en La Habana y fue su presidente. Ese
mismo año salió a la luz pública el periódico El Guanche (2ª época), en
el que participó activamente. Falleció en 1939 en un accidente de
tráfico.


Escrita
por el anarquista Antonio Rodríguez Bethencourt, narra principalmente
las aventuras de su compañero de presidio Antonio Tejera Afonso Antoñé.
Ambos de Tenerife, personajes significativos del anarquismo isleño,
arriesgan sus vidas, una vez más, para narrar al mundo sus historias.
Como le dice Bethencourt a Antoñé “Guarda pues, estos cuadernos de
nuestra novela en sitio seguro hasta que pase este relámpago borrascoso
que me temo. Espero un registro. Seamos precavidos. No me asusta la
celda de castigo, pero cada sílaba de estas cuartillas lleva un dolor y
cada pensamiento es un manantial de sangre de nuestras angustias, y si
tuvieran la suerte de cogerlas, las romperían”.
Así
pues, ocultando las libretitas, llega a nuestros días con una humildad
sin igual, no exenta de pasión, donde se conocen los postulados del
anarquismo a través del pensamiento de estos rebeldes que declaraban
“qué nos importaba que nos amarrasen si nuestras almas eran luz de
libertad”.
En
491 páginas, de las que un centenar es documental, conocemos un poco
más nuestro pasado, repudiamos más nuestro presente y no solo soñamos
por mejorar nuestro futuro.
CREYERON QUE ÉRAMOS REBAÑO. La
Insurrección del Alto Llobregat y la deportación de anarquistas a
Canarias y África durante la Segunda República. Por Jesús Giráldez
Macía.
El 15 de septiembre de 1932
Buenaventura Durruti pronuncia un discurso ante cien mil personas, al
pie de Montjuic. Era su primera aparición pública tras más de siete
meses encarcelado y deportado. En un pasaje de su discurso Durruti dijo :
“Creyeron lo gobernantes que los anarquistas éramos rebaño y que
encarcelando a unos cuantos y deportando a otros tantos todo entraría en
orden ; fallaron en sus cálculos : ignoran la razón del ser del
anarquismo.”
Meses
antes, en enero de ese año, varios pueblos del Alto Llobregat se
sublevan, desarman a los guardias, toman los ayuntamientos, forman
comités revolucionarios y proclaman la instauración del Comunismo
Libertario. Cinco días –“lo que dura la vida de una flor”- duró aquella
inaudita experiencia revolucionaria. El Gobierno republicano decidió dar
una lección sin precedentes, construyó una mentira de Estado y reprimió
con escarnio a decenas de personas, en su mayoría anarquistas. Fue la
oportunidad del poder para –a través de la denominada Ley de Defensa de
la República- ejercer un duro golpe sobre la CNT y la FAI : encarcelados
en un viejo barco –el Buenos Aires- más de cien anarquistas (entre
ellos algunos que no habían tomado parte en la insurrección como Durruti
o los hermanos Ascaso) fueron deportados sin rumbo cierto. La travesía
duró meses. Tocaron puerto en Cádiz, Las Palmas, Dakar, Guinea y el
Sahara. En su periplo sucedieron motines, huelgas de hambre, fugas,
epidemias y la muerte de un deportado. Finalmente serían divididos en
dos grupos : la mayoría extrañados en la Colonia Penitenciaria de Villa
Cisneros, el resto enviado a Fuerteventura. Poco a poco el Gobierno fue
liberando a pequeños grupos hasta que a finales de agosto los que habían
sido designados como los “más peligrosos” quedaron libres y regresaron a
Barcelona.
Este libro
reconstruye su historia. Estructurado en tres partes (La Insurrección,
el viaje en el Buenos Aires y la deportación en tierra) está contado por
los protagonistas de este trascendental y singular episodio, hasta
ahora despreciado por la historiografía. Un hecho histórico que, sin
embargo, dio mucho que hablar y que escribir en el momento de su
plasmación. Este libro narra no sólo las peripecias individuales de
aquéllas personas. Mientras la bodega del Buenos Aires o las arenas del
Sahara retenían a aquellos hombres una riada de solidaridad invadió el
país, la CNT se vio inmersa en un profundo y cismático debate fraticida y
el poder cerró filas en defensa de la República del Orden en abierta
oposición con la supuesta República de los Trabajadores.
Perfiles en el Olvido del Anarquismo en Canarias
José Luis Guzmán García
rescata en su libro la figura de Francisco González Sola, destacado
orador y propagandista anarquista de calado internacional, el cual,
aunque olvidado en la actualidad, jugaría un destacado papel en la
historia del anarquismo y del movimiento obrero canario durante uno de
los periodos de mayor controversia política y agitación social vividos
en Canarias. Durante los años veinte regentó “La Sevillana”, un conocido
taller de ampliaciones fotográficas establecido en las ciudades de Las
Palmas y de Santa Cruz, participando en cuantos actos organizaban los
anarquistas isleños. En 1932, González Sola, toma parte junto a
Buenaventura Durruti, en el celebre mitin de los deportados, acaecido el
día dos de septiembre de ese año en la ciudad de Santa Cruz. Fallece en
la misma ciudad en marzo de 1934.
Perfiles en el Olvido del Anarquismo en Canarias
es un trabajo de recuperación de la memoria. Su autor, José Luis Guzmán
García plantea la posibilidad del rescate de hombres y mujeres
librepensadores/as que consagraron su vida a la causa de la libertad y
de la justicia social. El esfuerzo por rescatar pequeñas biografías,
como la que aquí se relata, adquiere una doble importancia: acercarnos a
descubrir como se personificaban los “grandes ideales” en humildes
trabajadores y corroborar que, a pasar de la opinión generalizada sobre
la muerte de los valores universales, la esencia del pensamiento
anarquista sigue viva gracias a contribuciones como la de este trabajo. A
través de la figura central del texto, Francisco González Sola, nos
asomamos a algunos episodios destacados del movimiento obrero canario
durante los años treinta (por ejemplo la huelga de inquilinos en 1933).
También el texto nos muestra ciertas pautas de organización que empleo
la CNT en Tenerife para su refuerzo. Me refiero al recurso de aclamar la
colaboración de experimentados activistas, como Manuel Pérez, para la
consolidación del sindicato en las islas. Esta contribución, en muchos
casos de parte de anarquistas andaluces, no vino sino a fortalecer un
tejido asociativo iniciado años atrás. El apogeo del movimiento
anarcosindicalista durante la década de 1930, surge como consecuencia de
la madurez sindical de las Federaciones Obreras creadas a partir de
1914 y el afianzamiento del pensamiento anarquista iniciado a comienzos
de siglo entre la clase trabajadora isleña. Por último, José Luis Guzmán
García, nos ofrece la posibilidad de mirar directamente al biografiado
en sus propias palabras y en las de sus compañeros de ideas. Vaya
nuestro agradecimiento al autor por sacara del anonimato vidas tan
entregadas y nuestra felicitación por traspasar la frontera de la
exclusividad academicista.
Edita: “LA COLMENA”. Biblioteca Social.
El anarquismo y los orígenes del movimiento obrero en Canarias
En las Islas Canarias a principios del
siglo XX, un grupo de mujeres y hombres humildes, de oficios tales como
el de cigarreras, cargadores del Puerto, obreros del carbón, mecánicos,
panaderos… en definitiva, miembros de la clase tra- bajadora, se hacen
partícipes de las ideas anarquistas con la esperanza de alcanzar,
gracias a ellas, la tan deseada Justicia Social. Al contrario de lo que
hasta ahora han defendido los pocos historiadores que se han ocupado de
investigar el movimiento obrero en Canarias, el anarquismo no llega a
las islas de la mano de anarquistas desterrados o emigrados de la
Península. Fueron los propios isleños e isleñas, las personas habitantes
del lugar (autóctonos o no es lo de menos), los que se encargaron de
asentar y extender el anarquismo en Canarias. La mejora de las
comunicaciones había traído a las tierras afortunadas la posibilidad de
establecer contactos con otras organizaciones obreras del exterior,
organizaciones que hablaban de sus conquistas sociales, de sus luchas y
de sus reivindicaciones. Otra de las ventajas obtenidas de la ruptura
del hermetismo cultural, fue la divulgación de libros, folletos y
periódicos que difundían de manera insistente la ideología anarquista.
Propaganda diversa que ya unas décadas anteriores había deleitado a
figuras destacadas del republicanismo isleño, como por ejemplo fue el
caso de Patricio de La Guardia en la isla de Tenerife. No obstante,
cuando el anarquismo consiguió echar raíces fue a partir de que la clase
trabajadora le diera vida. El movimiento obrero canario arranca durante
la primera década del siglo veinte y la ideología anarquista será su
fuerza motora. Los debates y reflexiones que se van generando a raíz de
los conflictos laborales, la participación de la clase trabajadora en la
política o la relación con el Partido Republicano, les sirven para ir
clarificando sus posturas. Progresivamente, un grupo de trabajadores/as
se va convenciendo del ideal ácrata hasta llegarlo a cristalizar en la
formación de asociaciones libertarias. En el mes de junio de 2005 se
cumplían cien años de la constitución de los primeros grupos anarquistas
en Tenerife: los Centros de Estudios Sociales Luz y Vida, y Salud y
Progreso (1905). Tres años antes se había constituido la primera
asociación obrera anarquista en Gran Canaria: el Centro Obrero de Gran
Canaria (1902). Coincidiendo con estos cien años, ha sido publicado en
Santa Cruz de Tenerife el libro aquí presentado. El Anarquismo y los
orígenes del moviento obrero en Canarias (1900-1910): La influencia de
la ideología libertaria en la formación de la conciencia obrera, que es
su título original, es el fruto de un trabajo de dos años de
investigación (compaginado con la actividad laboral) que además
representa la tesina doctoral defendida en la Universidad de La Laguna.
Es el primer estudio histórico que aborda de una manera global y
profunda la génesis del Anarquismo en Canarias, y que tiene como hilo
conductor, la evolución de la mentalidad social en relación a la
aparición de una ideología revolucionaria. Porque si de algo estoy
convencida, es que todo cambio transformador viene dado por un cambio de
pensamiento, que se trasluce en una nueva forma de mirar, en una forma
de vivir. Y me mordía la curiosidad por descubrir qué motivaciones
habían llevado a nuestros antecesores a luchar con tanto ahínco por
darle un vuelco a sus vidas. Además de ello, quise prestar especial
atención al trabajo en común, al colectivo anónimo. Ese que nunca tiene
nombres y apellidos en los libros de Historia, ni en los periódicos, ni
en los folletos, aunque sean revolucionarios. Ese que se encarga del día
a día, de las tareas más comunes, las que parecen menos importantes. O
sea, el conjunto humano que hace posible la existencia de un movimiento
social. A todas ellas y todos ellos he querido devolverles algo de
dignidad, y agradecerles su valiosa aportación.