jueves, 30 de agosto de 2012

Crónica del Encuentro anarquista de St. Immier


A continuación os entregamos una crónica del Encuentro Internacional de Anarquismo, realizado en la localidad suiza de St. Immier entre los días 8 y 12 de agosto. El presente informe ha sido realizado por un integrante de nuestro grupo presente en este evento.
Miércoles 08 de agosto
Llegamos a Ginebra bastante pronto. Nos damos una vuelta por la ciudad. Trajes a medida. Tiendas de relojes. Edificios de oficinas y sedes de bancos. Todo es muy caro. Muchas de las personas que nos cruzamos en la calle, de corbata, deben ser los artífices y los beneficiarios de la crisis que está arruinando la vida de tanta gente. Unos obreros trabajan en una zanja. Otro, más allá, tiende unos cables.
El tren nos lleva por la orilla del lago Leman. Luego Neuchatel. Casitas suizas y al fondo la cumbre nevada del Mont Blanc.
Desde la estación de tren de Saint-Imier seguimos los carteles con la a circulada. Camping>. Aparcamiento>. <Funicular. Punto de bienvenida>. El encuentro ha redefinido la topografía de la ciudad.
El punto neurálgico es el Espace Noir. Edificio de cuatro plantas en la calle principal, propiedad de una cooperativa anarquista local. A pesar de lo antiguo está muy bien conservado y cuidado, con un aire rústico. Biblioteca. Bar. Sala de conciertos. Cine. Exposiciones. Emisora de radio. Hasta un piano junto a la entrada. Impresionante espacio en todo caso, pero más aún teniendo en cuenta que está en un pueblo de cuatro mil habitantes.

Mientras esperamos para registrarnos empezamos a encontrar conocidos, amigos y compañeros. Saludos y abrazos. Algunos de Madrid, muchos de todas partes.
El pueblo es demasiado pequeño para albergar a todo el mundo, así que los alojamientos están dispersos por los alrededores. Hay dos zonas de acampada en lo alto de la montaña, en Mont Soleil. Otra en el valle, tras el cementerio. Otra un poco más lejos. También albergues, apartamentos, hoteles, un gimnasio…
Sólo se puede subir al monte en el funicular o tras dos horas de arduo camino. Al registrarnos nos dan una pulsera para ir gratis en el tren. Menos mal. El último sale a las 9 menos cuarto de la tarde. Hay otro servicio extra pasada la medianoche. Se corre la voz de que quien no entre tendrá que subir andando. No nos arriesgamos.
El ascenso nos descubre un impresionante paisaje. Bosque cerrado de abetos. Laderas casi verticales. Casas desperdigadas entre los árboles. Cae la tarde.
El primer día y el camping ya está casi lleno. Las parcelas para las tiendas están marcadas con cinta amarilla, que dibuja amplias calles sobre el suelo. Un bar-cantina improvisado. Bancos y mesas. Duchas. Baños portátiles.
Al caer el sol empieza el frío. El rocío se acumula sobre las tiendas. Se encienden hogueras. Nos vamos pronto al saco, nos puede el cansancio del viaje. El murmullo de las conversaciones dura hasta la madrugada, pero no impide dormir. El frío sí.
La asistencia al encuentro fue de lo más variada, y como en todas estas ocasiones, atrajo a algunas personas cuyo interés principal no era el anarquismo. Desde aquellos que simplemente se acercaba para tener un lugar donde dormir y comida caliente, hasta quienes se pensaban que era un macrofestival de música alternativa. Sin embargo, considerando la cantidad de personas que acudieron al encuentro y que, evidentemente, desbordaron las previsiones de la organización, hay que decir que apenas se produjeron algunos incidentes puntuales y que la semana pasó sin problemas importantes en general.
En una ocasión en que tuve que cruzar Saint-Imier para ir de una sala de reuniones a otra, a una hora en que ya habían empezado las conferencias y mesas redondas, las calles estaban prácticamente desiertas. Es de suponer que todo el mundo se hallaba participando mayoritariamente en los actos del encuentro.
Jueves 09 de agosto
Nada más salir el sol empieza el calor. Hay cola para los baños. También para el café y el desayuno. Un cartel señala lo que cuesta la comida, pero no precio ninguno. Cada cual echa la voluntad en el bote. Todo el mundo dice que la tienda de las duchas parece una cámara de gas. Al poco la cierran porque se ha inundado.
Bajamos al pueblo en el funicular. Todas las cabinas están llenas a rebosar. Nos apretamos como podemos. Nos cuentan que anoche los conductores siguieron haciendo viajes hasta que no quedaba nadie por subir. El encuentro debe más de lo que parece a estos trabajadores. Entre pitos y flautas ya son las once de la mañana.
En elEspace Noir se reparten programas del encuentro con un mapa de la ciudad. Hay más de siete salas de reuniones. El espacio para el congreso de la IFA. El salón de actos general. Una habitación anexa, más pequeña. Otra junto a la biblioteca. Y otra en el centro cultural. Un poco más lejos, los especifistas, que se reúnen aparte. La feria del libro anarquista en la pista de patinaje (ahora sin hielo). Más las salas del Espace Noir y una exposición en las plantas de arriba. Otra de carteles de la Guerra Civil Española en el museo del pueblo.
Nos registramos como grupo invitado al congreso de la Internacional de Federaciones Anarquista (IFA) y nos dan la acreditación. Parece que la traducción simultánea no acaba de funcionar, porque hay interferencias con la radio local. Se nos pide un mensaje de salutación de GLAD al congreso. Lo leo después de comer, luego siguen los demás grupos invitados.
A las 14 primera mesa redonda: Los nuevos territorios de la anarquía. Brasil, Sudáfrica y Grecia. Aquí la traducción sí funciona. La moderación es excelente. Tal vez demasiado estricta con los tiempos.
Siguen otras charlas. Damos un breve paseo por el bosque. Tomamos unas cervezas en el Espace Noir. Cenamos una salchicha de la barbacoa del patio. Horario europeo, almuerzo a las doce, cena a las seis.
Por la noche, ponencias sobre la crisis económica y social. La traducción sigue sin funcionar. Es un desastre. Mucha gente se marcha porque no se enteran de lo que dicen los ponentes. Sin embargo, el compa italiano es un orador excelente.
Confiamos en el servicio del funicular. Nos quedamos un poco más tarde, bebiendo con amigos. Hoy hace menos frío.
Varias organizaciones plataformistas (o especifistas, como se las suele llamar en América Latina) participaron en la organización del encuentro. Se aseguraron de tener un espacio propio, en las afueras de la ciudad, aparte el resto del encuentro, bajo el paraguas de la página web que los agrupa.
En la primera mesa redonda, el ponente brasileño (brillante expositor, por otra parte) aprovechaba cada pregunta que se le hacía desde la sala para lanzar un panegírico del especifismo, independientemente del contenido de la cuestión. Como suele ser habitual en estos grupos, presentó a su corriente como si fuesen los únicos anarquistas en Brasil.
Este comportamiento es una constante entre los plataformistas, que se apropian el lenguaje del conjunto del movimiento, de manera excluyente. Eso ocurre, por ejemplo, con el mismo nombre de especifistas, que adoptan porque entienden que los anarquistas debemos estar organizados en grupos específicos, a pesar de que somos muchos los que pensamos lo mismo, sin ser por ello plataformistas. Lo mismo ocurre cuando se reclaman bakuninistas o comunistas libertarios, que emplean a menudo como sinónimos de plataformista.
Viernes 10 de agosto
Nuevo amanecer. Nuevas colas, nuevas caras. Han seguido llegando compas. El camping es un hervidero. Las calles entre las tiendas han sido redibujadas para ganar espacio.
Se ha convocado una asamblea en la zona de acampada. Alguien ha dañado un proyecto de permacultura en una de las fincas cercanas. Ha cogido ramas de los árboles pensando que eran leña. Ha usado un rincón como water. Ha estropeado la verja.
La encargada del proyecto explica lo ocurrido. También ella es anarquista. La permacultura es anarquista, dice. Lleva años trabajando en el proyecto. Se la escucha con atención. Está furiosa. La asamblea propone hacer una brigada de limpieza y reparaciones, pero ella declina. No quiere más gente pisoteando su espacio. Pide que se explique que no se trata de una esquina abandonada del bosque. Señala que las casas vecinas con jardín no han recibido el mismo trato, porque están muy cuidadas. Pero los habitantes de la ciudad no sabemos distinguir un proyecto de permacultura de un bosque abandonado. Es cierto. Se elaboran carteles en varias lenguas y se ponen a lo largo de la valla. Queda relativamente satisfecha.
Ya es medio día. Llegamos tarde a las charlas. Exposición del compa de El Libertario de Venezuela. Interesante discusión sobre el espacio del anarquismo en América Latina. Se recuerda el error histórico (repetido) que llevó a los anarquistas a hacer compromisos con formas de organización centralistas o gobiernos populistas. Se señala que lo mismo ocurre a veces en la actualidad.
Después de comer, mesa redonda sobre anarquismo y movimientos sociales. El moderador interrumpe a varios ponentes por superar el tiempo permitido. Degenera en una situación surrealista y provoca fuertes críticas desde el público. De repente, alguien le pega un tartazo al moderador y se marcha gritando algo en francés acerca de la policía. Tumulto en la sala. Nadie entiende lo que pasa. Desde la ventana vemos cómo persiguen al muchacho por los jardines de las casas vecinas. Hay quien quiere darle una paliza. Doblan una esquina y no sabemos más.
El moderador está cubierto de nata. Y rojo de ira. Echa un discurso en francés (sin traducción) justificando su pasada colaboración con un ministro comunista del gobierno federal suizo. Tímidos aplausos desde la sala. El acto no puede proseguir.
Por la tarde todo son rumores. Parece que ha sido cosa de un grupo insurreccional ginebrino. Se dice que se debe a la forma de moderar. Se comenta que ha sido porque el moderador es un reformista. Parece que le dieron una paliza al muchacho. Parece que no, que fue a otro. O a ninguno. Se cree que al final intervino la policía. Se oye que ha sido por unas declaraciones que el moderador hizo a los medios locales. Al final no se sabe nada seguro.
Las compañeras de la mesa redonda de anarkafeminismo me piden que les traduzca sus conclusiones. Quedamos más tarde, en la cantina del camping. Compartimos queso y vino. Fotocopiarán la traducción manuscrita. Mi letra sigue siendo ilegible, por mucho que me esfuerce. Nos juntamos con otras compas del espacio de mujeres. Alguien llega del otro camping a pedir un médico. Un muchacho se ha quemado con la hoguera. Les acompañan de vuelta con el botiquín del bar.
Los francófonos repasan el cancionero anarquista. La majnovchina me pone los pelos de punta. Como siempre.
La noche se cuaja de estrellas. La temperatura sigue subiendo. Bendita ola de calor.
Como se ha dicho antes, a pesar de la masiva afluencia de personas, apenas sí se produjeron incidentes puntuales. Aunque no hay manera de tener cifras exactas, se cree que el número de asistentes rondaba los cinco mil. Cantidad suficiente, en todo caso y en otras circunstancias, para haber dejado un rastro de suciedad, deshechos, actos vandálicos, etc. No ocurrió nada de esto. Incluso el caso del proyecto de permacultura parece haberse debido más a la ignorancia que a la falta de consideración de quienes lo confundieron con una parcela de bosque abandonada. Como señalaba después una compañera, lo destacable no es que haya surgido un problema, sino que se han puesto los medios necesarios para solucionarlo, desde una práctica anarquista.
Se puede decir que, a pesar de algunas pintadas, pegatinas, o sucesos puntuales, Saint-Imier ha salido incomparablemente mejor parado albergando un encuentro anarquista que un macrofestival de música, por poner un ejemplo.
En cambio, la situación que se produjo en la mesa redonda, es más seria. No voy a entrar a discutir si en este caso la denuncia de la actitud reformista del moderador (si es que finalmente se trataba de eso) está justificada o no, porque no conozco el caso. Pero sí me parece que lo sucedido es un síntoma de una actitud vigilante que por desgracia se encuentra a menudo en los círculos anarquistas. Es evidente que cada activista tiene una idea diferente de cómo llevar adelante la lucha. Aunque compartimos, más o menos, unas ideas similares acerca de la sociedad a la que se quiere llegar, la divergencia en cuanto a los métodos a emplear es considerablemente mayor.
Este no es el espacio para analizar el verdadero significado de la radicalidad. Pero en cualquier caso, siempre habrá compas que opten por formas de actuación tradicionalmente consideradas como más radicales, frente a aquellos que adoptan otras que, aunque en ocasiones sean más fructíferas y constantes en el tiempo, se perciben como más moderadas. El problema surge cuando esta divergencia de criterios se usa como excusa para justificar actitudes autoritarias hacia los demás compas. No hace falta insistir en la manera en que esta forma de pensar repite todos los postulados del pensamiento dogmático y autoritario, algo especialmente paradójico viniendo de quienes se presentan a sí mismos como los anarquistas más conscientes. Esto no quiere decir que todo sea igualmente válido, y desde luego se deben producir debates entre las diferentes posturas, que a menudo serán enconados. Pero las actitudes impositivas o de fuerza no tienen cabida en ellas. Del mismo modo, se debe denunciar como falsas las posturas que pretenden englobarse bajo el paraguas del anarquismo, cuando en realidad traicionan sus principios básicos. En este sentido es necesario distinguir claramente entre posturas de principio y planteamientos tácticos o estratégicos. Son los primeros los que definen o no una propuesta como anarquista, mientras que los segundos pueden ser muy variables en todo caso.
Sea como sea, la actitud de ciertos grupos, colectivos e individualidades que se arrogan el derecho de excluir a otros en virtud de una supuesta falta de pureza u ortodoxia tiene que ser rechazada. Los métodos válidos, e incluso necesarios, para enfrentarse al estado y al capital, a los racistas y neonazis, los autoritarios y aspirantes a dictadores de todo pelo, etc. no tienen cabida entre miembros de un mismo movimiento libertario. Eso sí, es más fácil enfrentarse al compa de al lado que esforzarse en encontrar la forma de construir un movimiento revolucionario potente y eficaz, que se halle en condiciones de asaltar y destruir el poder instituido.
Sábado 11 de agosto
Hacemos un esfuerzo para bajar antes a la ciudad. A las diez, entrevista con Eduardo Colombo en el Espace Noir. Pruebo la grabadora. Sin problema. [La entrevista la publicaremos próximamente]
Cuando llego ya está allí, tomando un zumo. Nos sentamos en una zona apartada del bar. Bancos de madera. El sol radiante de la mañana entra por la ventana abierta.
La grabadora se niega a funcionar. Nada más sentarnos, Eduardo empieza a hablar. Sudo tinta para grabarle en mi móvil. Le tengo que interrumpir. Al final se puede grabar con el teléfono de Claudia, que tiene tarjeta de memoria. Interesantísimas opiniones de este viejo militante y prolífico autor.
Visita al congreso IFA. Los trabajos van demasiado lentos. Mucha gente participa en el encuentro, lo cual quiere decir que el congreso ha quedado desatendido. Otros participantes son más optimistas.
Otra mesa redonda tras la comida. Construcción práctica de la anarquía. Se genera una interesante discusión sobre la revolución blanda, la proliferación de cooperativas, colectivos, etc. como paso previo necesario para la revolución. Para unos, eso es la revolución en sí misma. Para otros una distracción. Ambas posturas tienen argumentos muy válidos.
Me recuerdan que tengo que ir a la feria del libro para recoger unos carteles. Todavía no la he visitado. Queda un poco apartada, en las afueras de la ciudad, en la pista de hielo. Un espacio grande y desangelado, algo oscuro. Muchos puestos, mucho material de editoriales y grupos. Suficientes libros para toda una vida de lectura. Afuera, en un prado, bajo un inmenso árbol, hay muchos compas que se esconden del sol del mediodía.
Se preparan las declaraciones finales del encuentro y del congreso IFA. Alguien ha oído un rumor que critica a la IFA por tener sesiones a puerta cerrada. Se duda de la conveniencia de sacar un comunicado final, por miedo a que sea mal recibido. La FAI Ibérica se niega a firmar la declaración del encuentro general porque no han sido mandatados para ello. Como consecuencia IFA tampoco lo puede suscribir. Tal vez más adelante. No se sabe si cualquiera de las declaraciones va a prosperar.
Hemos quedado a cenar con compañeros y amigos ingleses. Llevábamos años sin vernos. Siempre es un placer volver a encontrarse. Muestran mucho interés por los acontecimientos del último año en España. Al final nos convencen para ir con ellos al concierto de Serge Utko. No está mal. Entre canciones revolucionarias y vivas a la anarquía no puedo dejar de pensar en lo mucho que me va a costar volver el lunes al trabajo.
La ciudad es un hervidero. Grupos de compas apuran los encuentros, los conciertos, las cervezas, los abrazos. Me gustaría quedarme, seguir fundido en la atmósfera fraternal un rato más. La noche resuena, vibrante de estrofas anarquistas. No es de extrañar que circule una propuesta de quedarse, no aceptar el fin del encuentro y seguir en Saint Imier. De buena gana. Pero ahora llevamos con nosotros la simiente de nuevos cantos, aires que se tienen que oír muy alto en muchas plazas. A ellas nos dirigiremos, con la nueva alba.
El encuentro ha puesto de relieve cuáles son las líneas principales de debate entre los anarquistas a nivel internacional. Básicamente se centran en torno a la manera de lograr que el anarquismo recupere su inserción en la sociedad, como agente de transformación revolucionaria efectiva (lo que los plataformistas brasileños llaman, acertadamente, el vector social de la anarquía). Este tema se ha planteado con especial fuerza a la luz de la irrupción de los movimientos de protesta social en los países afectados por la crisis financiera.
Asociados a este debate de fondo se dan otros, que aunque a menudo son los que se plantean de manera principal, no dejan de ser subsidiarios al anterior. Por ejemplo, la forma de organización adecuada, la táctica a emplear, la actuación en el seno de los movimientos sociales, etc.
En el caso del modelo organizativo hay dos polos bien definidos. Por un lado están los plataformistas, que defienden la necesidad de una organización única para todos los anarquistas, muy estructurada, basada en la homogeneidad teórica (más que la mera unidad). Se ha señalado con razón el sospechoso parecido de esta estructura con un partido político, aparte de que la unidad que propugnan no deja de ser un mito, ya que en muy pocas ocasiones han logrado formar frentes estables. Es habitual que en un mismo país haya varias organizaciones plataformistas enfrentadas.
En el extremo opuesto se encuentran los partidarios de la organización mínima, que propugnan vínculos exclusivamente ocasionales y que generalmente se orientan en torno a tácticas insurreccionales.
Entre ambas posturas hay un amplio espacio organizativo recorrido por un gran número de grupos, federaciones, etc. que sin embargo parece estar menos conformado teóricamente. No obstante, en un momento en que las dos posturas anteriores muestran claros signo de insuficiencia, esta opción va cobrando fuerza. Por un lado, ejemplos como el de Grecia ponen en evidencia que la organización mínima y las tácticas insurreccionales dificultan mucho, cuando no impiden, la participación significativa en los movimiento sociales y las revueltas populares. A pesar de que los compas derrochan dedicación, constancia y valentía, su falta de estructura les impide recoger los frutos de su actividad y proponer líneas de trabajo coordinadas que hagan avanzar los movimientos espontáneos hacia instancias revolucionarias.
En el otro extremo, la organización plataformista contiene los gérmenes de su propia destrucción. A pesar de que a menudo aglutinan a los militantes más serios, dedicados y mejor preparados, su insistencia en una unidad teórica rigurosa (que más que unidad es homogeneidad) suele redundar en escisiones y enfrentamientos en torno a, precisamente, aspectos teóricos. Lo que a la larga dificulta su inserción social, que es justo lo que se quiere lograr con esta forma hipostasiada de organización.
Las insuficiencias de ambas posturas hacen necesario que el espacio organizativo intermedio se estructure más definidamente, tanto a nivel teórico como práctico, mediante una mayor coordinación local e internacional de los grupos y colectivos que lo habitan. No se trata de revisar ideas ni propuestas, ni de fundar una nueva “escuela”, sino de difundir una cierta forma de estar en la anarquía, es decir, de militar y participar, con seriedad y dedicación pero sin dogmatismos, para lograr la adecuada inserción social que permita al anarquismo cumplir su vocación revolucionaria.
Finalmente, y como corolario de lo anterior, se discutió mucho acerca de la participación en los movimientos “espontáneos” que han surgido en los países en crisis y, de manera relacionada, la actuación práctica de los anarquistas. A menudo esta discusión se planteaba como una dicotomía entre partidarios de una revolución blanda y defensores de la revolución en un sentido más tradicional del término. Sin embargo esta distinción es falaz.
Por revolución blanda se entiende, generalmente, el movimiento de formación de cooperativas, federaciones, asambleas, asociaciones, etc., autogestionadas y de orientación anarquista, en el seno del capitalismo, que se desarrollarían hasta conformar un sustituto al estado y al sistema capitalista a los cuales suplantarían finalmente. Por el contrario, los partidarios de la revolución, digamos tradicional, señalan las grandes insuficiencias que presentan estos desarrollos, tanto por las limitaciones que les impone el sistema capitalista, como por la tendencia a convertirse en instancias reformistas, dependientes del estado o plenamente entregadas a la lógica económica imperante. Frente a esto propugnan la ruptura radical, en un único momento de levantamiento revolucionario, que acabaría de una vez con el estado y el capitalismo e instauraría la nueva sociedad.
Decimos que esta separación es falaz, porque una opción no excluye a la otra. De hecho, ninguna de ellas es suficiente por sí misma, sino que son necesariamente complementarias. Para empezar, la crítica a la revolución blanda es acertada. Cualquier organismo autogestionado se enfrenta a graves dificultades y corre el riesgo de experimentar derivas reformistas, que sólo se pueden evitar manteniendo una línea antagónica clara y una orientación ideológica definida con respecto a su finalidad anticapitalista. Sin embargo, son la única manera de aprender la autogestión, a todos los niveles, tanto organizativos como técnicos y permiten prefigurar los problemas que se van a tener que enfrentar una vez superada la etapa revolucionaria. Desde el momento en que se empiezan a desarrollar las instancias políticas y económicas de la sociedad libre, tejiendo poco a poco un ecosistema revolucionario cada vez más amplio y estructurado, este proceso es equivalente a la revolución en sí misma.
Sin embargo, los compas partidarios de esta revolución blanda demasiado a menudo olvidan, o soslayan, el aspecto de confrontación que es inevitable en toda revolución. Si bien esto plantea otro tipo de problemas teóricos a los anarquistas (que no podemos analizar aquí, pero que comprometen la misma posibilidad del proyecto transformador), lo cierto es que no se puede contar con una transición suave de las instancias estatales y capitalistas actuales a las de la sociedad libre, por mucho que ésta vengan ya prefigurada en el ecosistema revolucionario.
Por eso, como ya se ha dicho, ambas posiciones son complementarias y necesarias, con todo lo que eso implica para nuestra práctica cotidiana como anarquistas. Más bien, lo que se trata es de analizar cómo se inserta la construcción del ecosistema revolucionario en el conjunto más amplio de la sociedad, cómo evitar su reincorporación al sistema ya establecido, cómo pasar de una etapa a la siguiente, la actuación de los anarquistas en todo el proceso, etc. Cuestiones todas ellas pendientes en buena medida y urgentes, pero que sólo se pueden contestar de manera colectiva y en la práctica.
Domingo 12 de agosto
Desde temprano se empiezan a desmontar las tiendas. Nadie tiene prisa. Tomamos el desayuno con calma, ultimando las despedidas. Se intercambian los contactos, se prometen las llamadas y próximas visitas. Nos vamos con nuevas perspectivas de trabajo, tareas pendientes, otras que se concretarán más adelante. Unos pocos compas se quedan un día más y miran desolados como se desmorona la utopía a su alrededor. Parece que la opción de quedarse no ha sido muy popular.
Algunos intentan encontrar quien les lleve a sus destinos. Otros más hacen autostop junto a las carreteras. Tomamos el tren. El camino es largo hasta casa.
Nos invade una cierta nostalgia de lo que se acaba. Pero, como siempre, la memoria de la fraternidad posible anima la esperanza de la tarea pendiente.
Los caminos de la anarquía son múltiples y entrecruzados. Arrancan muchas veces de rincones olvidados y oscuros y se dibujan por toda la superficie de la historia humana, hacia un futuro que no existe, pero que se acerca. Se encuentran en nodos imposibles y se separan con la violencia de los desencuentros, pero no se agotan nunca, mientras exista la voluntad de recorrerlos.
Una vez más, como hace 140 años, otro camino empieza en Saint-Imier.

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