viernes, 25 de octubre de 2013

Reformismo: el peor enemigo de la CNT.


Javier Sang


Reformismo: el peor enemigo de la CNT.
[26-8-2008]
Para ser afiliado a la CNT no es obligatorio ser anarcosindicalista, aunque la CNT si lo sea, también es cierto que en la confederación hay libertad de pensamientos, cada uno tiene el derecho a pensar como quiera, la libertad de pensamiento y de expresión es ilimitada, siempre dentro del respeto mutuo, uno tiene derecho incluso a exponer planteamientos que puedan considerarse reformistas, siempre que lo haga con lealtad y respetando los causes orgánicos, pero esto se quiebra cuando se recurre a la mentira o al engaño para imponer unas tesis, cuando se vulnera la normativa y los principios, cuando paralelamente se confabula para alcanzar unos objetivos en vez de exponerlos abiertamente por los cauces orgánicos establecidos, que para eso están las asambleas de los sindicatos, los plenos y los congresos que garantizan que cada uno pueda exponer en igualdad de condiciones sus ideas, su visión de las cosas, lo que no es legítimo, y sobre todo lo que no es admisible de ninguna manera es querer controlar, planificar, ocupar cargos para llevar las cosas a donde uno quiere, este tipo de conducta fraudulenta es a la que han recurrido históricamente la mayoría de los reformistas dentro en la CNT.
Ni si quiera una mayoría momentánea tiene legitimidad suficiente sino está basada en el respeto a los principios, a la normativa, y a la razón, porque la razón del voto exclusivamente, no es suficiente para tomar un acuerdos; si no se cumplen estas premisas a la hora de tomar decisiones estaríamos propiciando la desintegración de la organización.
Los reformistas siempre han intentado que la CNT abandone sus principios, y sus armas siempre han sido la conspiración y la manipulación, nunca han dado la cara abiertamente hasta no estar seguros de conseguir sus objetivos, y llegado este caso podría ser ya demasiado tarde para reaccionar.
El reformismo no es una ideología, ni siquiera una idea, es simplemente la renuncia a la lucha, es la muerte de las ideas y de la esperanza, es adaptarse al sistema y a sus reglas, a su juego, por eso es estéril y pudre todo cuanto toca. Los reformistas no creen en la transformación de la sociedad, solo aspiran aunque a veces lo oculten a la conquista del poder, no buscan ni siquiera las mejoras de las condiciones laborales y sociales de los trabajadores aunque sí la utilizan como pretexto para alcanzar sus objetivos y sus ambiciones personales: ocupar cargos y poltronas, alcanzar el estatus de líder, de liberado, de burócrata, de jefe.
El principio fundamental de todos reformistas es que el fin justifica los medios, pero su fines en el fondo no son la transformación de la sociedad, sus fines son alcanzar el poder y para obtenerlo no dudan en utilizar los medios más sucios y rastreros, la mentira y el engaño son sus mejores armas, se inventan falsas situaciones, realidades virtuales, que nada tienen que ver con la verdadera realidad, sus espurios argumentos se basan fundamentalmente en el pragmatismo en el posibilismo y la heterodoxia, desgraciadamente han sido muchos los incautos que han sucumbido a los encantos de sus mentiras y de sus manipulaciones. A lo largo de la historia son muchos los trabajadores y compañeros de buena fe que han sido engañados por estos embaucadores y que se han perdido para siempre para la causa de la defensa de la clase obrera y de la emancipación social.
Los reformistas no creen en la asamblea ni en la democracia directa, ni en la autogestión ni en la acción directa, su visión del mundo es centralista, jerárquica y autoritaria, en el fondo carecen de principios, por eso desprecian la razón y la justicia, nunca intentan convencer con argumentos sino con engaños y si no lo consiguen recurren a la imposición.
Son muchos los reformistas que ha habido en la CNT aunque, afortunadamente, siempre han sido derrotados, pero han hecho mucho daño a la organización. Algunos podemos decir, sin exageraciones, que han alcanzado el despreciable honor de haberse elevado a la categoría de traidores como el caso de Enrique Marcos, el que fuera secretario general de la CNT hasta el V congreso quien, al ser rechazadas sus tesis reformistas y ratificase los principios tácticas y finalidades del anarcosindicalismo como concepción ideológica general y definir a las secciones sindicales y la asamblea como garantía de participación de los trabajadores y desarrollo del sindicalismo, promovió la Comisión Impugnadora, dando paso primero a la escisión y después al engendro reformista CGT y a uno de los periodos más amargos de la confederación a lo largo de su historia.
Este funesto personaje volvió a la palestra en el 2005 como presidente de Amical Mauthausen, asociación por la recuperación de la memoria histórica de víctimas del holocausto nazi, llegando a inventarse un pasado heroico como ex prisionero de los campos de concentración nazis, falsedad que quedo al descubierto por el historiador B. Bermejo, y que él mismo, abrumado por la evidencia, acabó reconociendo, lo que venía a demostrar que a pesar de los años seguía conservando íntegramente sus dotes de sofista. Esta noticia tuvo una gran difusión en todos los medios de comunicación. Para colmo alguien publicó un artículo exaltando la figura de tan nefasto personaje en el periódico CNT, sin que el director del periódico diera explicaciones ni dimitiera, para vergüenza de todos los anarcosindicalistas.
Otro destacado reformista que traicionó vilmente a la organización fue José Bondía, el que fuera Secretario General en el periodo que mantuvo contactos con Alfonso Guerra de espaldas a la organización. Las promesas del PSOE fueron una oferta de compra de la CNT. Bondía se sirvió del cargo para intentar imponer sus planteamientos reformistas a la organización y desviarla de sus principios, al finalizar su gestión como secretario general, en su informe de gestión después de hacer una apología del reformismo llegó a decir que el problema de la CNT es que estábamos excesivamente ideologizados.
Otros reformistas no menos despreciables fueron: Antonio Pérez, quien fuera secretario hasta el congreso monográfico de Torrejón de Ardoz, y José Marc de la regional catalana. Todos ellos fueron expulsados de la CNT.
En el extremo opuesto están los auténticos anarcosindicalistas, los que aman y permanecen fieles a las ideas hasta la muerte, generaciones de magníficos compañeros que con inquebrantable voluntad han combatido para que la CNT permanezca fiel a sus principios y a su historia, contra las intentonas desviacionistas y contra todos los reformistas de uno u otro signo que siempre en mayor o menor medida han pululado por la organización. Entre los verdaderos anarcosindicalistas podemos citar a: Juan Gómez Casas un compañero digno de elogio que luchó hasta las extenuación para que la CNT continuara permaneciendo tan anarcosindicalista y revolucionaria como siempre; es imprescindible leer sus libros para comprender el pasado, el presente y el futuro de la CNT. Otro buen compañero, tal vez menos conocido pero no por eso con menos mérito, fue Fernando Montero. Él, como Juan, también fue Secretario General de la CNT en una situación difícil que asumió con dedicación y responsabilidad. Otro compañero fue Juan Castillo de la CNT de Málaga, compañero de una gran capacidad y de unas cualidades humanas extraordinarias, de firmes convicciones, fue siempre fiel a los principios anarcosindicalistas y dedicó toda su vida a la organización. Otro gran anarcosindicalista fue Antonio Salvador de Sabadell, otro irreducible, discreto pero fiel hasta la muerte. También eran verdaderos anarcosindicalistas los compañeros del Sindicato de Jubilados y Pensionistas de Sevilla, pero a pesar de ello y de haber dedicado toda su vida a la organización y a la defensa de la clase obrera, tras toda una vida de militancia anarcosindicalista fueron expulsados, y aunque en un pleno regional posterior se aprobó su readmisión, esta nunca se llevo a efecto, perpetrándose en su contra, un acto de indignidad y desprecio incalificable. La CNT tiene una deuda pendiente con ellos que jamás podrá pagar. Estos compañeros junto con muchos miles más, han sido y son la esencia y el alma de la CNT.

Viva la CNT y el anarcosindicalismo.

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